Cuando
las estrellas de menor masa mueren, ocurre una explosión
muy brillante que se conoce como supernova. Pero tan espectacular
evento tendría que haber sido documentado por los
astrónomos de la época y no existen tales
registros. Además, al no tener movimiento propio
respecto de las estrellas de la bóveda celeste,
una supernova no podría “detenerse”
sobre una ciudad.
Los cometas se mueven con relativa rapidez, su cabeza
brillante puede parecer que señala algún
lado y la combinación de los movimientos propios
del cometa y la Tierra pueden aparentar que el cometa
se detiene. Existen evidencias de varios cometas que hicieron
su aparición en esa época, pero no de que
alguno pueda identificarse como la estrella de Belén.
Ahora las alineaciones planetarias. En el año 2
a.C. ocurrió la conjunción entre Júpiter
y Venus; un año después Marte se unió
a Júpiter y Saturno. Estos planetas estuvieron
tan cerca que parecían uno solo y se encontraban
al oeste de la bóveda celeste.
Todos estos eventos pudieron haber sido, pero no nos es
posible determinar exactamente cuál de ellos fue
el que estos viajeros vieron. Sin embargo, la tradición
perdura y nos invita a seguir reflexionando e indagando
sobre los fenómenos del cielo. |