El
periodismo del tercer milenio
Manuel Calvo Hernando
El
periodismo científico tiene que avanzar con los tiempos,
adaptándose a los nuevos retos y a los recursos disponibles.
He aquí algunas interesantes opiniones al respecto, con
un comentario sobre la situación en nuestro país.
Voy
a empezar con una especie de silogismo que, aunque técnicamente
no lo parezca, me sirve para lo que quiero decir. Si la ciencia
y la tecnología tienen una influencia creciente y decisiva
en nuestra vida cotidiana, y si los medios de comunicación
deben reflejar e informar sobre esta vida cotidiana, parece que
la conclusión es clara: el periodismo científico
está llamado a ser una de las estrellas informativas del
milenio en el que acabamos de entrar, una de las especialidades
informativas de nuestro tiempo más cargadas de contenido
y... de emoción, porque comunica a todos los descubrimientos
que están cambiando las vidas y la estructura social de
una parte de la humanidad.
Pensemos un poco en los temas de actualidad que nos ofrece la
ciencia. Ahora mismo, la noticia -sensacional, a mi juicio- de
que solamente tenemos doble carga genética que una mosca.
(Qué terrible para nuestro orgullo humano, después
de que Copérnico destronara a la tierra de su posición
central en el universo y después, a principios del siglo
XX, Shapley y Hubble nos expulsaron de cualquier posición
privilegiada en el universo. Darwin y Marx contribuyeron notablemente
a bajarnos los humos.)
Esto se suma a los nuevos y espectaculares progresos sobre cosmología,
nanotecnología y miniaturización en general, y a
los avances prodigiosos en el transporte, la telecomunicación,
la medicina y los nuevos materiales, que convierten a este tipo
de informaciones en una sugestiva -y a veces divertida o escalofriante-
caja de sorpresas.
El periodismo científico es también un instrumento
para la democracia, porque facilita a todos el conocimiento para
poder opinar sobre los avances de la ciencia, y compartir con
los políticos y los científicos la capacidad de
tomar decisiones en las graves cuestiones que el desarrollo científico
y tecnológico nos plantea: el uso racional de los recursos
naturales, el aprovechamiento no comercial de los resultados de
la investigación privada, los problemas éticos y
jurídicos que plantean el conocimiento del genoma humano,
internet y tantas otras conquistas científicas y tecnológicas
de nuestro tiempo. En resumen, se trata de poner lo más
noble del espíritu humano, el conocimiento, al servicio
del individuo y de la sociedad, para evitar que se repita la historia
y que el progreso beneficie exclusivamente a las minorías.
El periodismo científico tiene la obligación social
de hacer lo posible por que la ciencia y la tecnología
no sirvan sólo para el enriquecimiento cultural y el beneficio
práctico de algunas naciones o ciertas sociedades privilegiadas.
Por el momento, ni los políticos ni la generalidad de los
docentes ni de los propietarios de los medios informativos tienen
la sensibilidad de ver la divulgación de la ciencia y la
tecnología como un reto de nuestro tiempo. No sé
qué porcentaje de las universidades ofrecen la enseñanza
del periodismo científico, y ello me hace temer si nuestras
facultades de ciencias de la información estarán
preparando periodistas no para el siglo XXI, sino para el XIX.
Hay ejemplos de interés social por la divulgación
en nuestra propia comunidad de naciones y concretamente en México,
donde este tema está presente en todas las universidades
del país, en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología,
y hasta en los gobiernos de los estados que constituyen la República
Mexicana. Ellos hablan, con más propiedad que los países
industrializados, de "divulgación" (la Universidad
Nacional Autónoma de México, UNAM, tiene un servicio
que no he visto en ningún otro país: una Dirección
General de Divulgación de la Ciencia), pero la verdad es
que la expresión "periodismo científico"
está acuñada en las sociedades más desarrolladas
y en los organismos internacionales y sería muy difícil
cambiarla.
Las naciones de habla española y portuguesa deben abrirse
lo antes posible a la divulgación del conocimiento, para
que nuestro desarrollo sea verdadero e integral.
Manuel Calvo Hernando es presidente de la Asociación
Española de Periodismo Científico y autor del libro
Periodismo científico (Madrid, Paraninfo, 1992).
Comentarios: calvo@apmadrid.es