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Octubre 2001
[Ideas]

El periodismo del tercer milenio


Manuel Calvo Hernando

El periodismo científico tiene que avanzar con los tiempos, adaptándose a los nuevos retos y a los recursos disponibles. He aquí algunas interesantes opiniones al respecto, con un comentario sobre la situación en nuestro país.

Voy a empezar con una especie de silogismo que, aunque técnicamente no lo parezca, me sirve para lo que quiero decir. Si la ciencia y la tecnología tienen una influencia creciente y decisiva en nuestra vida cotidiana, y si los medios de comunicación deben reflejar e informar sobre esta vida cotidiana, parece que la conclusión es clara: el periodismo científico está llamado a ser una de las estrellas informativas del milenio en el que acabamos de entrar, una de las especialidades informativas de nuestro tiempo más cargadas de contenido y... de emoción, porque comunica a todos los descubrimientos que están cambiando las vidas y la estructura social de una parte de la humanidad.

Pensemos un poco en los temas de actualidad que nos ofrece la ciencia. Ahora mismo, la noticia -sensacional, a mi juicio- de que solamente tenemos doble carga genética que una mosca. (Qué terrible para nuestro orgullo humano, después de que Copérnico destronara a la tierra de su posición central en el universo y después, a principios del siglo XX, Shapley y Hubble nos expulsaron de cualquier posición privilegiada en el universo. Darwin y Marx contribuyeron notablemente a bajarnos los humos.)

Esto se suma a los nuevos y espectaculares progresos sobre cosmología, nanotecnología y miniaturización en general, y a los avances prodigiosos en el transporte, la telecomunicación, la medicina y los nuevos materiales, que convierten a este tipo de informaciones en una sugestiva -y a veces divertida o escalofriante- caja de sorpresas.

El periodismo científico es también un instrumento para la democracia, porque facilita a todos el conocimiento para poder opinar sobre los avances de la ciencia, y compartir con los políticos y los científicos la capacidad de tomar decisiones en las graves cuestiones que el desarrollo científico y tecnológico nos plantea: el uso racional de los recursos naturales, el aprovechamiento no comercial de los resultados de la investigación privada, los problemas éticos y jurídicos que plantean el conocimiento del genoma humano, internet y tantas otras conquistas científicas y tecnológicas de nuestro tiempo. En resumen, se trata de poner lo más noble del espíritu humano, el conocimiento, al servicio del individuo y de la sociedad, para evitar que se repita la historia y que el progreso beneficie exclusivamente a las minorías. El periodismo científico tiene la obligación social de hacer lo posible por que la ciencia y la tecnología no sirvan sólo para el enriquecimiento cultural y el beneficio práctico de algunas naciones o ciertas sociedades privilegiadas.

Por el momento, ni los políticos ni la generalidad de los docentes ni de los propietarios de los medios informativos tienen la sensibilidad de ver la divulgación de la ciencia y la tecnología como un reto de nuestro tiempo. No sé qué porcentaje de las universidades ofrecen la enseñanza del periodismo científico, y ello me hace temer si nuestras facultades de ciencias de la información estarán preparando periodistas no para el siglo XXI, sino para el XIX.

Hay ejemplos de interés social por la divulgación en nuestra propia comunidad de naciones y concretamente en México, donde este tema está presente en todas las universidades del país, en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y hasta en los gobiernos de los estados que constituyen la República Mexicana. Ellos hablan, con más propiedad que los países industrializados, de "divulgación" (la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, tiene un servicio que no he visto en ningún otro país: una Dirección General de Divulgación de la Ciencia), pero la verdad es que la expresión "periodismo científico" está acuñada en las sociedades más desarrolladas y en los organismos internacionales y sería muy difícil cambiarla.

Las naciones de habla española y portuguesa deben abrirse lo antes posible a la divulgación del conocimiento, para que nuestro desarrollo sea verdadero e integral.

 Manuel Calvo Hernando es presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico y autor del libro Periodismo científico (Madrid, Paraninfo, 1992).


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