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Muégano académico

 


Núm. 40, abril - junio 2008

[ Muégano académico ]

 

El Nobel de la paz
y la comunicación pública de la ciencia

por Susana Herrera Lima

¿Puede la divulgación ganar un premio Nobel? La experiencia de Al Gore y su documental Una verdad incómoda muestra que sí… o al menos, la mitad de uno, al tiempo que contribuye a cambiar a nivel mundial la percepción pública de un grave problema ambiental.

El 12 de octubre le fue otorgado el premio Nobel de la paz a Al Gore, político y activista, y a los más de 3 mil científicos que integran el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El Comité Nobel, en su discurso, puso especial énfasis en la labor de los ganadores del reconocimiento para “construir y divulgar un mayor conocimiento sobre el cambio climático causado por el ser humano”.

En cuanto a Gore, el Comité Nobel afirmó que “es probablemente la persona que a título individual ha hecho más para crear conciencia a nivel mundial sobre las medidas que deben adoptarse”.

Sin duda, la contribución fundamental del IPCC ha sido la sistematización de los datos provenientes de investigaciones científicas en torno al problema del calentamiento global y el cambio climático, así como el hecho de hacer accesibles los documentos resultantes de su trabajo en un sitio de internet de acceso público y gratuito (www.ipcc.ch). La labor de Al Gore, por su parte, ha sido fundamentalmente hacer visible esta problemática en el ámbito de los medios de comunicación, construyendo un discurso dirigido hacia públicos no especializados en ciencia, pero con una argumentación basada en investigaciones científicas.

¿Suena familiar, comunicadores de la ciencia? La relevancia de este hecho tiene múltiples aristas, desde la perspectiva eminentemente política (el hecho de otorgar un reconocimiento de tal magnitud a ciudadanos y proyectos provenientes, sobre todo, del país menos comprometido con la causa que defienden) hasta la que concierne directamente al quehacer científico y, sobre todo, a su comunicación en el espacio público. Sin optimismos desbordados, y menos aún con imperdonable ingenuidad, esta situación debería llamar a los comunicadores de la ciencia al análisis y la reflexión de las posibilidades que la comunicación pública de la ciencia puede detonar en el ámbito específico de las políticas públicas, así como para la incorporación de la esta actividad en las prioridades de los medios.

Este premio está colocando en la agenda no solamente la problemática del calentamiento global y el cambio climático, sino también la urgencia de realizar proyectos cuyo propósito principal sea poner el conocimiento científico al servicio del bienestar social. Los premiados, en su mayoría, son científicos que están recibiendo no un Nobel de ciencia, sino un Nobel de la paz, trasladando así la comunicación del discurso científico al ámbito de la cultura científica, orientada primordialmente a la generación de condiciones indispensables para la supervivencia. El hecho de que el ex-vicepresidente/activista devenido comunicador los acompañe proporciona una visibilidad diferente al conjunto de científicos involucrados (de no estar él, este premio sería tratado de forma muy diferente por los medios, y es muy probable que fuera apreciado solamente por científicos y ecologistas), y obliga a pensar el hecho y el problema en términos de comunicación pública de la ciencia, de acceso al conocimiento científico y de contribución a la formación de una conciencia crítica en los ciudadanos.

El trabajo y acciones de Al Gore han sido controvertidos; no se trata, aclaro, de tomar postura respecto a “si estuvo bien o mal” otorgar este premio de esta forma específica. Lo importante, considero, es tomar conciencia de la relevancia que puede adquirir la comunicación pública de la ciencia cuando atiende problemáticas que conciernen a la sociedad –en este caso, al planeta entero– y que contribuyen a poner efectivamente, y de manera significativa, al conocimiento científico al servicio del bienestar social.

Susana Herrera Lima es licenciada en computación, por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y maestra en comunicación de la ciencia y la cultura por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Actualmente es coordinadora de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO, y vicepresidenta de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICYT).

Comentarios: shl@iteso.mx


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