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No soy Julia Tagüeña y mucho
menos Sergio de Régules
Mi visión de bomberazo sobre ciencia y arte
por Elaine Reynoso
Toda institución tiene sus tradiciones. Una de las más típicas de Universum (en realidad, de todo México) es la de los “bomberazos”: ocasiones en que hay que “sacar al buey de la barranca”… a tiempo y de la mejor manera posible, se entiende. He aquí un ejemplo exitoso de bomberazo, que relaciona la ciencia con el arte.
Hace no mucho se llevó a cabo en Universum una interesante mesa redonda sobre ciencia y arte, simultáneamente con la inauguración de la exposición “Encuentros entre ciencia y arte”, muy recomendable por cierto. Estos eventos me hicieron recordar una anécdota graciosa.
Varias veces me ha tocado la suerte y el honor de representar a La Jefa (Julia Tagüeña, nuestra directora general) en algún foro académico, debido a la usual saturación de agenda que normalmente sufren los Jefes. En un par de ocasiones también he sustituido al amigo Sergio de Régules, por razones similares (aunque él no es jefe…). Sin embargo, la experiencia más divertida fue cuando tuve que suplir a ambos.
El incidente ocurrió durante el Congreso Mundial de Museos que se llevó a cabo en la cidade maravilhosa, Río de Janeiro, al cual asistimos varios miembros de la DGDC y de la SOMEDICYT. En este congreso, nuestro querido amigo argentino Joaquín Fargas organizó una sesión sobre ciencia y arte. Sergio, nuestro experto local en estos temas, aparecía en el programa como uno de los panelistas… pero hubo dos pequeños inconvenientes: nunca se enteró y no fue al congreso. (O tal vez Sergio supuso que la íbamos a pasar muy mal y prefirió no asistir.)
El caso es que el congreso estuvo muy interesante, aunque denso y también agotador. El centro de convenciones, donde se llevó a cabo el congreso, se encontraba a una hora de camino de nuestros hoteles. Regresábamos exhaustos y a veces no nos quedaba más remedio que tomar un descanso na praia, beber uma o duas caipirinhas e ver passar (los hombres) as garotas de Ipanema de corpo dorado, o bien a los garotos (nosotras). (Quizá no es necesario aclararlo, pero una caipirinha es una exquisita bebida hecha a base de cachaça, un aguardiente de caña.)
Otras noches, ni para eso teníamos tiempo. Los organizadores (excelentes anfitriones) nos trepaban a un autobús y nos acarreaban a algún antro para escuchar música, tomar más caipirinhas y a veces hasta para bailar samba. Las paredes de uno de estos lugares se encontraban adornadas con frases ingeniosas. Dos de éstas llamaron mi atención, porque ilustran muy bien el espíritu brasileño: “lo importante no es ganar, sino celebrar” y “Lembre-se que: enquanto houvera dança, havera esperanza” (Recuerde que mientras haya danza, habrá esperanza).
A pesar de este ambiente de fiesta, característico de los brasileños, se trataba de un congreso de primer nivel, en el cual participan las personas más “picudas” del campo. Así que La Jefa, al percatarse de que el nombre del ausente Sergio se encontraba en el programa, y con tal de dejar en alto el nombre de la dependencia, decidió presentarse en su lugar.
Rápidamente preparó una presentación en Power point con fotos de ejemplos de ciencia y arte en Universum y el Museo de la Luz. Pero, ¡oh sorpresa!, mientras tomaba un café con Joaquín y afinaba detalles sobre su participación, se dio cuenta de que tenía que exponer en otra sesión ¡a la misma hora! Quiso la suerte que yo eligiera ese preciso momento para llegar, con toda la inocente intención de disfrutar de un rico cafezinho. Por supuesto, al verme Julia exclamó: “ya sé que podemos hacer, Joaquín: dale mi Power point a Elaine y que ella tome mi lugar… o sea, como sustituta de la sustituta”.
Yo no tenía la menor idea de qué estaban hablando. Me explicaron rápidamente y Joaquín me preguntó: “¿Quito el nombre de Julia y pongo el tuyo?”. “¡No!”, respondí. “Así, si meto la pata, puedo decir ‘no soy Julia Tagüeña, y mucho menos Sergio de Régules’”.
En realidad presentar la ponencia fue un reto divertido: como si me dieran una película sin audio para inventar mi propia historia. El tema de ciencia y arte siempre me ha interesado, así que ésta era mi oportunidad para hacer una pequeña contribución. Comparto con ustedes algunas de las reflexiones, elaboradas al vapor, que presenté en esta sesión.
Existen muchos vínculos entre ciencia y arte. Uno de los ejemplos más ilustrativos es la relación entre la música y la física para explicar cómo se producen las ondas sonoras y el empleo de la acústica para la construcción de los instrumentos musicales.
Los investigadores y restauradores de obras de arte antiguo emplean técnicas científicas para fechar las piezas, conocer sus colores originales y para ver si en un lienzo existe una pintura previa o para ver los trazos y esquemas realizados por el artista. A su vez, las pinturas de la época en que no existía la fotografía contienen mucha información de interés para la ciencia, por ejemplo sobre la flora y fauna de otros tiempos.
¿Cómo y por qué emplear el arte para divulgar la ciencia? En museos, si pensamos en los tres niveles de interactividad que propone Jorge Wagensberg (física, mental y emotiva), el arte contribuye de manera importante para que la experiencia sea significativa, sobre todo en el nivel emotivo de la interactividad.
La DGDC, a través de sus museos, exposiciones, espectáculos y productos de divulgación, ha sido un espacio de libertad y creatividad para el desarrollo de esta relación entre ciencia y arte. Se han explorado varias avenidas y experimentado con artes como fotografía, pintura, escultura, danza y teatro.
La relación entre científicos y artistas no es fácil, ni inmediata. Sus mundos parecen no tocarse. La colaboración, que requiere entendimiento y respeto por lo que hace y piensa el otro, es compleja; a veces casi imposible. Se requiere un intermediario entre el científico y el artista, alguien que pueda hablar y comprender a ambos para facilitar esta comunicación: en una palabra, un divulgador. Este divulgador que emplea el arte como medio para expresar ideas científicas no necesariamente es un artista. Es una persona que tiene la capacidad para captar la esencia de las ideas de la ciencia y transmitírsela al artista. Debe saber lo suficiente de arte como para seleccionar el medio artístico más adecuado, los materiales, las formas de expresión, y por supuesto al artista que pueda llevar a cabo el proyecto. Y por si fuera poco, debe poder explicar, sensibilizar y convencer al científico.
Una experiencia interesante ha sido tener artistas en residencia. La convivencia con divulgadores y científicos ha facilitado un acercamiento con propuestas originales y conmovedoras. Otro resultado interesante de esta convivencia es que en ocasiones los científicos han encontrado que las técnicas de los artistas les son útiles para sus investigaciones.
Universum y el Museo de la Luz también han proporcionado un laboratorio pionero para el desarrollo del teatro científico y de espectáculos de ciencia. Algunos de éstos han sido propuestos y elaborados por personal de la propia dependencia, incluso por anfitriones del museo. En otros casos, las obras han sido propuestas por profesionales del teatro. En ambos casos la estrecha colaboración entre “teatreros” y divulgadores ha sido fundamental para lograr que una pieza teatral o un espectáculo se pueda calificar como teatro científico sin perder su calidad teatral.
El reto de definir el significado de teatro científico nos lleva a una reflexión interesante. ¿Cuáles son los límites de la creatividad cuando el arte su usa como medio para divulgar la ciencia? En mi opinión esta delimitación pasa por la búsqueda del equilibrio entre la calidad artística de la obra y la claridad y veracidad del mensaje que se transmite. Como en todo producto de divulgación, lo importante no es sólo que el contenido sea “científicamente correcto”. También se tiene que tomar en cuenta la voz del público y cómo interpreta el mensaje. Lo que es innegable es que el teatro, al igual que las otras formas de expresión artística, pone a vibrar las fibras sensibles de nuestro público sobre asuntos relacionados con la ciencia.
Posdata: Al final, la sesión sobre ciencia y arte resultó de lo más estimulante y divertida. Mis comentarios dieron lugar a discusiones interesantes. ¡Hasta me aplaudieron!
Elaine Reynoso Haynes es física y tiene maestría y doctorado en pedagogía. Fue jefa del museo Universum, presidenta de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICYT) y actualmente coordina el Diplomado en Divulgación de la Ciencia de la DGDC-UNAM
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