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Podcasts, blogs y demás fauna tecnológica
Leticia
Pérez Castellanos
Las
nuevas tecnologías imponen retos, pero también abren
posibilidades para la divulgación científica. Aquí
una divulgadora nos comenta su impacto en los museos.
Recientemente, en la Informal Science Education Network
(http://home.ease.lsoft.com/archives/isen-astc-l.html),
lista de discusión de la Association for Science and
Technology Centres (ASTC), algunos colegas que trabajan en
museos discutían la pertinencia de utilizar los podcast
como un sistema de audioguía. La gran diferencia entre las
guías que se crean para los aparatos que se ofrecen en los
vestíbulos de los museos y las de los podcasts es
que éstas son más baratas que las producciones únicas
de mayor costo. Estos archivos de audio se pueden hacer de manera
casera, “subir” a la red y ofrecerse en la página
web del museo para que los visitantes los descarguen y los escuchen
en cualquier reproductor de MP3 que lleven consigo al museo.
Se discutía incluso la posibilidad de utilizar los celulares,
un aparato común que la mayoría de los visitantes
llevan consigo, como dispositivo de comunicación para su
uso en salas. Después de todo, el visitante lleva su celular
o su reproductor MP3, y el museo no tiene que invertir en aparatos
especiales.
Días después de que leí esto, otra noticia,
esta vez publicada en el New York Times, me sorprendió
aún más: “With irreverence and an iPod,
recreating the museum tour” (“Con irreverencia
y un iPod, recreando la visita al museo”).
Resulta que la gente, allá afuera, ya está comenzado
a utilizar de manera libre, lejos de las iniciativas del museo,
los avances que la tecnología ha puesto en sus manos.
El artículo resaltaba que en las audioguías que se
rentan en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) por cinco
dólares, los visitantes pueden escuchar citas informativas
sobre el artista o las obras, con comentarios de renombrados curadores
que en ocasiones resultan aburridas. Pero esto podría cambiar,
ya que existe una nueva forma de audioguía que podría
revolucionar la forma en que las personas se relacionan con los
objetos en los museos.
Según el periodista, hoy una estudiante que visite el museo
y se pare frente a un Pollock puede escuchar una audioguía
totalmente diferente. Esta nueva versión tiene varias ventajas:
es gratis, no involucra el aparato de audio del museo y está
hecha en casa: se trata de una guía al MoMA un poco irreverente
e incluso subversiva que puede cargar en su iPod antes de la visita
al museo.
Comencemos por el principio
¿Qué rayos es un podcast y cuál es
su relación con los museos?
Los podcasts son archivos de audio almacenados en línea
en formato MP3, que pueden “bajarse” y reproducirse
en una computadora o un dispositivo portátil de música.
Generalmente se trata de producciones de radio, desde las más
sencillas, realizadas por una sola persona con el mínimo
equipo, hasta programas especializados en géneros musicales
o en determinados temas. Su nombre es una mezcla entre la palabra
iPod (el aparatito reproductor de música con el que la compañía
Apple ha revolucionado la industria) y broadcast (radiodifusión,
en inglés).
Existen
programas que permiten buscar y “bajar” podcasts
de cualquier parte del mundo para intercambio libre entre usuarios
de la red. Cualquiera puede hacer uno y subirlo, y quizá
a alguien le interese lo que tiene que decir.
¿A qué viene esto en el ámbito de los museos?
Resulta que mientras nosotros (los museos y sus profesionales) dormimos
el sueño de los justos (eso creemos), todavía pensando
en si las cédulas están bien escritas, y que producir
una audioguía para incrementar la información resultaría
muy caro, allá afuera los avances tecnológicos y el
rápido crecimiento del mercado asociado a ellos llevan una
carrera sin tregua que abarata costos, transforma las comunicaciones
y relaciona a las personas de manera diferente cada vez a mayor
velocidad.
Pues bien: el proyecto “Art mobs to remix MoMA (with your
help)” (http://mod.blogs.com/art_mobs/)
ha creado guías no oficiales a este museo que ponen a disposición
de las personas en forma de podcast a través de su página
en internet. Por ese medio invitan a las personas a que aporten
su propia guía al proyecto, para agregarse a las que ya han
sido producidas.
¿Por qué las audioguías tendrían que
pertenecer a alguien?, se preguntan. El creador de esta novedad,
el profesor de comunicaciones David Gilbert, junto con un grupo
de sus estudiantes, describen estas guías como una forma
de “hackear” la experiencia en el museo, o remasterizar
el MoMA. Ésta es una de las últimas aplicaciones de
los programas de audio que se pueden bajar a un reproductor MP3.
También dan algunas ideas de cómo hacer tu propia
guía considerando los siguientes puntos:
–Si una pintura hablara, ¿qué diría?
–La música se utiliza en la mayoría de las imágenes
en movimiento, como en las películas. ¿Por qué
una imagen fija no habría de tener un tema musical?
–¿Te gustaría que la crítica de arte
fuera más sarcástica que la
sacarina? A través de este me-dio podrías oír
cosas que jamás escucharías en los audífonos
del MoMA.
La forma de enviar los archivos de audio para que otras personas
escuchen la guía es a través de un correo electrónico,
con un archivo de audio adjunto o con un programita especial que
se ofrece en la página.
La propuesta es muy interesante, más aún porque señalan
que no es necesario visitar el museo para recibir los beneficios
de los podcasts; basta con entrar a la página del
MOMA, donde se ofrecen imágenes de la mayoría de las
colecciones, y escuchar el podcast correspondiente.
De
regreso al artículo del Times, el periodista comenta
que estas guías del museo están creciendo entre otras
tendencias recientes de podcasting llamadas también
“sound seeing” en las que personas comunes
graban narraciones de sus viajes y las suben a internet para que
otras personas las disfruten.
¿Qué tal? ¡Las narraciones de las experiencias
que los visitantes tienen en los museos pueden potencialmente circular
por la red! Me pregunto cuántos directores, investigadores
y curadores estarán dispuestos a ver personas circulando
por sus salas con audífonos escuchando grabaciones que están
lejos, muy lejos de los cuidadosos guiones y planteamientos que
realizó el museo. El término “hackear”,
romper con la experiencia del museo, me parece muy pertinente.
Bitácoras
en la red
¿Y los blogs? Ésa es otra historia, de hecho
un poco más antigua. Un web-log es un sitio web
que contiene textos en orden cronológico inverso (los más
recientes primero). Funcionan como revistas en línea, y pueden
ser escritos por una sola persona o por un grupo de colaboradores.
En este caso, nos atañen dos posibilidades: la de blogs
sobre temas de museos, donde tanto el personal del museo como los
visitantes puedan compartir sus experiencias, o bien weblogs
que por sus características han llegado a convertirse en
verdaderas exposiciones en línea.
Por ejemplo, en la página http://post-secret.blogspot.com/
se pueden apreciar secretos que las personas envían en forma
de tarjetas postales y que se digitalizan para su exhibición
en línea. La página invita a que, de una forma creativa,
las personas diseñen o realicen estas tarjetas y pongan en
ellas los secretos que no se atreven a contar a nadie y las envíen
en forma anónima. El editor del blog selecciona
y coloca los mejores secretos semanalmente, ¡hay que ver las
cosas que la gente está dispuesta a compartir con personas
extrañas! Uno de los que más me impactó decía
más menos: “La gente que me conoció antes del
11 de septiembre cree que estoy muerto”. ¿Cierto o
falso? No lo podría juzgar, pero la exhibición es
impactante.
Otro ejemplo, más ligado al campo académico de los
profesionales de museos, es el de la página Museum-Ed (www.museum-ed.org),
sitio en internet diseñado para la comunidad de educadores
de museos y que recientemente incorporó entre sus ligas un
blog donde se pueden colocar mensajes para compartir entre
las personas que accedan a él.
Por último...
Es impresionante la velocidad a la que estos adelantos se incorporan
a nuestra vida cotidiana. Del momento en que comencé a escribir
estas líneas al momento en que terminé este artículo
(pasaron algunos meses, lo reconozco), el tema invadió las
listas de discusión de manera sorpresiva: que si es pertinente
o no, que si deben ser guías no autorizadas o producidas
por los propios museos, que si ya hay tecnología que lo permite.
Éstas y otras preguntas han comenzado a aparecer en los foros
de discusión de los profesionales de habla inglesa.
Sorprendentemente, aunque parezca una práctica muy reciente,
algunos museos no han sido ajenos a todos estos cambios, y han sido
vanguardistas al experimentar con nuevas tecnologías. Otros
ya han realizado evaluaciones e investigaciones sobre el uso de
estos nuevos medios y su impacto en los públicos.
En un artículo llamado “Report on the use of handheld
technology in museums”, que se distribuyó por
internet, Lynda Kelly proporciona algunos ejemplos del uso de estas
tecnologías y de los retos que le imponen al museo. Entre
ellas hace mención de los dispositivos PDA (Personal
Digital Assistant, computadoras de bolsillo, como las conocidas
Palm), de los reproductores de MP3 y de la tecnología Bluetooth
y WiFi como formas de conexión remota, y proporciona
varios ejemplos de cómo se han utilizado en exposiciones
de la galería Tate Modern en el Reino Unido, la
Universidad de Texas en Estados Unidos y el Museo Te Papa
en Nueva Zelanda, entre otros.
Es paradójico que, mientras estas tecnologías parecen
alejarse de ciertos públicos con pocos recursos, a la vez
ponen a los museos pequeños y con bajos presupuestos al alcance
de novedosas formas de comunicación con el público.
¿Dónde quedan los museos mexicanos en esta discusión?
Habría que reflexionar al respecto y ver qué tanto
estamos preparados para abrir las puertas del museo a toda esta
fauna tecnológica. ¿O vamos a resguardarnos tras el
muro del museo-templo en el que las colecciones son intocables y
en donde los discursos generados desde la autoridad de la academia
son los que valen?
Leticia
Pérez es casi maestra en museología por la Escuela
Nacional de Restauración, Conservación y Museografía
“Manuel Castillo Negrete” del Instituto Nacional de
Antropología e Historia. Trabaja en el Museo Interactivo
de Economía (MIDE) a cargo de la Coordinación de Evaluación
Programa de Evaluación Continua.
Comentarios:
ligeia@prodigy.net.mx
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