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A Estructura de la Materia, Jaime
José
Manuel Posada de la Concha
Un
colega divulgador nos comparte su preocupación ante la ignorancia
de charlatanes seudocientíficos… y su propuesta para
hacer algo al respecto.
Debido a una serie de programas de TV-UNAM en la que varios miembros
de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia
estamos involucrados, nos hemos tenido que sumergir en la televisión
de la misma manera en que yo lo hacía en aquellos lejanos
años cuando veía Candy Candy con pasión
absorbente. (“Si me buscas, tú a mí, me podrás
encontrar...” ¿Recuerdan?) El tipo de producciones
que los miembros del equipo hemos visto insistentemente son Laura
en América, Ventaneando e inclusive los de
Jaime Maussan. La serie para TV-UNAM es de divulgación científica,
no se espanten; simplemente queremos ideas para criticar (¿me
creen que por eso vemos estos programas?).
El domingo 28 de enero de 2007 a las 8:13 de la noche me senté
frente a mi vieja coreana (que de cariño llamo “Daewoo”)
para ver Misterios del tercer milenio, del “gran
investigador” que menciono arriba. No tomando demasiado en
serio el programa y viéndolo solamente de reojo a la par
que tenía un suplemento dominical en la mano, algo en la
pantalla llamó tanto mi atención como aquella vez
que comenzaron a “llover” sapos en Tuxtla Gutiérrez.
El acompañante del “investigador” descubrió
de dónde provienen las famosas formas geométricas
dibujadas en sembradíos británicos por seres extraterrestres
(¿quiénes más?): ¡de las mismísimas
figuras en las placas de Chladni! ¡Sí, unas similares
a las que tenemos en la sala de Estructura de la Materia de nuestro
museo!

Las
placas de Chladni son pedazos de metal recortados en formas geométricas
a los que se les rocía arena en la superficie. Al frotarlas
con un arco de violín se producen en ellas ondas transversales,
como las olas del agua. Las ondas interfieren entre sí, por
lo que algunas partes de la placa (donde la interferencia es destructiva)
no vibran, y es ahí donde se acumula la arena. Observen las
fotografías. Justamente las figuras que se observan son las
partes de las placas que no se mueven porque las ondas al interferir
entre ellas se anulan. Donde no hay arena se debe a que las ondas
no se anulan sino que se suman, y el movimiento ondulatorio “avienta”
la arena a otro sitio.

No recuerdo con detalle esos segundos de mi vida en que vi y escuché
lo que decían Jaime Maussan y su acompañante, porque
mi mente se nubló por la impresión. Lo que sí
recuerdo es que Maussan utilizaba, para sus explicaciones seudocientíficas
sobre las figuras británicas (que como todo mundo sabe fueron
construidas por unos cuates vaciladores), el experimento que por
años hemos demostrado al público en este museo. Y
desde luego, no le daba crédito alguno al físico alemán
de principios del siglo XIX, Ernst Chladni; ni siquiera lo mencionaba.
Ahí estaba un video en su programa donde se apreciaba una
placa cuadrada metálica con arena encima en la que se formaban
unas cinco figuras diferentes y que producían tonos muy agudos.
La explicación para su acompañante era inmediata y
lógica. Algo como lo siguiente:
“Estas figuras son consecuencia de extrañas señales
que provienen del sol, y los extraterrestres las conocen. Al observar
las figuras las quisieron representar en los campos de trigo de
Gran Bretaña, pero te toca a ti, Jaime, (dicho esto con voz
amenazante) investigar más a fondo. Todo un reto”.
Por supuesto, Maussan aceptó el reto. ¿Alguien lo
dudaba?

Voy a seguir las enseñanzas que el gran Carl Sagan ofrecía
ante estos casos: en lugar de dar media vuelta y seguir con sus
quehaceres, se inmiscuía más a fondo en el problema.
Yo no creo que Jaime Maussan dice lo que dice y hace lo que hace
porque verdaderamente se encuentre convencido de ello, sino por
algo más mundano: razones económicas. Algo parecido
a lo del libro (¡y ahora película!) Cañitas,
de Carlos Trejo, que lo ha hecho millonario. Al finalizar su programa,
Maussan invitó insistentemente a su público a una
serie de conferencias que dictará durante este año
en el Teatro Metropolitan. Iré a ver qué tanta gente
convoca y cuál es el precio de los boletos; quizá
hasta entre, y de ser posible, le entregaré a Maussan información
sobre las placas de Chladni cuando saque el tema a relucir en plena
conferencia. O inclusive, tal vez lo invite a la sala de Estructura
de la Materia de Universum para que cualquier anfitrión
le explique.
¿Peco
de ingenuo? Tal vez, pero ya no hay más que perder. A ver
qué pasa.
José
Manuel Posada de la Concha es físico y trabaja en la Subdirección
de Medios Escritos de la DGDC. Próximamente publicará
su manual de las figuras de Chladni.
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jposada@universum.unam.mx
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