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Las mentiras de la divulgación
por
Martín Bonfil Olivera
La
tensión esencial de la divulgación de la ciencia es
la que existe entre el rigor científico (sin él, lo
que se divulga no es ciencia), y la indispensable amenidad, el atractivo
para el lector, sin el cual éste simplemente no existirá
(ver “No divulgarás”, El muégano divulgador
núm. 23).
Por ello, el divulgador tiene terror a decir “mentiras”:
errores, inexactitudes, falsedades, malas interpretaciones (éste
columnista recuerda cuando afirmó, terminante, que “todos
los virus consisten en una cadena de ácido desoxirribonucleico,
ADN”).
La cuestión no es simple. Por su propia naturaleza, la divulgación
requiere que el mensaje científico sea recreado en una nueva
forma, con lenguaje no técnico y contextualizada para ser
accesible al público. Necesariamente, la ciencia divulgada
será distinta a la ciencia académica.
Suponemos que hay cierto límite, no bien definido y relativo
a cada caso, que marca hasta dónde podemos llegar en la recreación,
en esta “inexactitud” científica. Decir que todas
las células tienen núcleo, por ejemplo, es estrictamente
un error (los eritrocitos humanos no lo tienen), pero es irrelevante
si se habla de células en general. Entre otros factores,
el tipo de público determina qué tan exigente será
el requisito de rigor para considerar que se está haciendo
“buena” divulgación o que se está tergiversando.
Incluso la definición misma de qué es una mentira
está abierta a interpretación. ¿Es mentira
presentar la imagen de un electrón como una partícula
con posición, en vez de una abstracta nube de probabilidades
definidas por una ecuación? Siempre, según el especialista;
a veces no, según los fines que persiga el divulgador.
Algo equivalente sucede en ciencia. Para químicos y biólogos,
los electrones-partícula (e incluso los átomos de
Bohr, con sus órbitas planetarias) pueden resultar perfectamente
útiles y adecuados. Y para muchos fines –incluso la
navegación espacial–, la física newtoniana permite
hacer cálculos y predicciones tan precisos como se requiera,
por más que desde el punto de vista de la relatividad einsteiniana
sea sólo una aproximación inexacta.
Al abordar temas de frontera, la distinción verdad/mentira
es aún más borrosa. Confróntese, por ejemplo,
a dos especialistas en un mismo tema y consúltese con ellos
la definición precisa de algún término o concepto
de frontera, y se tendrá de inmediato una acalorada discusión.
¿Qué es entonces una mentira en divulgación
científica? Así como la ciencia académica construye
representaciones útiles pero siempre inexactas (ecuaciones,
modelos, simulaciones…) para tratar de comprender el mundo,
en realidad la divulgación construye siempre mentiras, imprecisiones,
metáforas más o menos exactas para intentar comunicar
dichas representaciones con la fidelidad adecuada… pero no
más.
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