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Análisis de conciencia para los diseñadores de exhibiciones
educativas
Carmen
Sánchez Mora
Las
reflexiones sobre el diseño de exposiciones de divulgación
científica abundan, pero pocas veces vemos una revisión
que las resuma y ordene, como en este pertinente texto que ofrecemos
a nuestros colegas lectores. Sobra decir que serán bienvenidas
más colaboraciones de este tipo.
De acuerdo con las teorías pedagógicas más
recientes, parece haber una confluencia de ideas y un consenso de
que el aprendizaje debiera ser visto como la construcción
personal de significados. Algunos de los principios de esta teoría,
que se apuntan a continuación, me parecen particularmente
importantes para hacer una reflexión sobre nuestras prácticas
más comunes de exhibición, sean éstas conscientes
o inconscientes.
En primer lugar, el aprendizaje es un proceso activo en el que el
sujeto utiliza la información captada por su sistema sensorial
para construir significados.
La acción primaria de esta construcción es mental;
las actividades manuales son reforzadoras del aprendizaje, pero
no son suficientes para lograrlo.
¿Tiene claro nuestro planteamiento museográfico que
los visitantes requieren estar activos o involucrados en actividades
participativas? Si es así, ¿está también
involucrada su mente, o nos conformamos con presentarle actividades
meramente manipulativas?
El aprendizaje consiste tanto en construir significados como en
construir sistemas de significación. Lo anterior quiere decir
que cada construcción que hagamos nos permite a la vez elaborar
nuevos significados.
¿Cómo asumimos la habilidad de nuestros visitantes
para organizar el conocimiento cuando le presentamos ideas en una
exhibición? ¿Qué sistemas organizativos asumimos
que poseen los visitantes? ¿Tienen éstos los conocimientos
para entender nuestro mensaje? ¿Comprenden las instrucciones,
las cronologías y los ejemplos que utilizamos al exhibir?
¿Siguen los visitantes nuestra forma de razonar?
De acuerdo con Vigotsky, el lenguaje y el aprendizaje están
totalmente imbricados. Aunque el aprendizaje es una actividad social,
la educación tradicional aísla al individuo de la
sociedad.
¿Reconocemos realmente que los visitantes aprenden mientras
interactúan entre sí? ¿Consideramos sus formas
de aprender? ¿Tomamos en cuenta que en nuestras exhibiciones
habrá interacción familiar? ¿Tenemos claro
qué debemos incluir en las exhibiciones para incentivar la
discusión, el intercambio de ideas y la búsqueda conjunta
de respuestas? ¿Propicia el ambiente de nuestro museo o exhibición
el debate activo y la interacción verbal? ¿Fomentamos
el diálogo entre los visitantes y de éstos con la
obra expuesta?
El aprendizaje es contextual: no aprendemos hechos y teorías
de manera aislada.
¿Utilizamos “ganchos” o conexiones en las exhibiciones
para atraer a los visitantes? ¿Intentamos ayudarles a entender
los mensajes? ¿Nos dirigimos sólo al experto, o consideramos
al visitante común y le hacemos confrontarse con lo desconocido?
¿Hemos pensado si para este visitante tiene sentido apretar
un botón o leer una cédula compleja? ¿Tenemos
diferentes puntos de entrada a la exhibición? ¿Damos
posibilidades de intervenir a varios sentidos? ¿Ponemos en
juego diferentes estímulos? ¿Atraemos a una amplia
gama de visitantes? ¿Pretendemos que los visitantes asimilen
conocimientos nuevos sin haber desarrollado una estructura previa
para que lo logren?
El proceso de aprendizaje significativo es lento; requiere incorporar
gradualmente nuevas ideas a las antiguas.
La motivación es componente clave del aprendizaje; el conocimiento
debe resultar viable y útil al que aprende.
¿Nos hemos preocupado por entender el nivel en el que hay
que involucrar al visitante? ¿Reconocemos que el visitante
aprende cuando es empujado más allá de su propio conocimiento,
pero dentro de la gama de sus posibilidades? ¿Le damos tiempo
al visitante para reflexionar y para revisar sus ideas? ¿Hemos
meditado en cómo acercarnos a las audiencias móviles,
libres y que casi nunca regresan al museo? ¿Qué ofrecemos
para los visitantes que quieren quedarse más tiempo con un
tema o en ciertas zonas del museo? ¿Hasta qué punto
damos recursos adicionales al visitante más interesado? ¿Cómo
abordamos intereses que quizá surjan después de la
visita? ¿Damos seguimiento a los visitantes? ¿Ofrecemos
otras opciones más allá de la visita?
Espero que estas ideas y cuestionamientos puedan ser útiles
para mis colegas involucrados en el desarrollo de exposiciones.
Carmen
Sánchez Mora es bióloga y doctora en ciencias. Es
Subdirectora de Educación y Formación en Divulgación
de la Ciencia en la DGDC-UNAM.
Comentarios:
csanchezmora@hotmail.com
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