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Muégano académico
 


Abril - junio 2007

[ Muégano académico ]


Análisis de conciencia para los diseñadores de exhibiciones educativas

Carmen Sánchez Mora

Las reflexiones sobre el diseño de exposiciones de divulgación científica abundan, pero pocas veces vemos una revisión que las resuma y ordene, como en este pertinente texto que ofrecemos a nuestros colegas lectores. Sobra decir que serán bienvenidas más colaboraciones de este tipo.

De acuerdo con las teorías pedagógicas más recientes, parece haber una confluencia de ideas y un consenso de que el aprendizaje debiera ser visto como la construcción personal de significados. Algunos de los principios de esta teoría, que se apuntan a continuación, me parecen particularmente importantes para hacer una reflexión sobre nuestras prácticas más comunes de exhibición, sean éstas conscientes o inconscientes.

En primer lugar, el aprendizaje es un proceso activo en el que el sujeto utiliza la información captada por su sistema sensorial para construir significados.

La acción primaria de esta construcción es mental; las actividades manuales son reforzadoras del aprendizaje, pero no son suficientes para lograrlo.

¿Tiene claro nuestro planteamiento museográfico que los visitantes requieren estar activos o involucrados en actividades participativas? Si es así, ¿está también involucrada su mente, o nos conformamos con presentarle actividades meramente manipulativas?

El aprendizaje consiste tanto en construir significados como en construir sistemas de significación. Lo anterior quiere decir que cada construcción que hagamos nos permite a la vez elaborar nuevos significados.

¿Cómo asumimos la habilidad de nuestros visitantes para organizar el conocimiento cuando le presentamos ideas en una exhibición? ¿Qué sistemas organizativos asumimos que poseen los visitantes? ¿Tienen éstos los conocimientos para entender nuestro mensaje? ¿Comprenden las instrucciones, las cronologías y los ejemplos que utilizamos al exhibir? ¿Siguen los visitantes nuestra forma de razonar?

De acuerdo con Vigotsky, el lenguaje y el aprendizaje están totalmente imbricados. Aunque el aprendizaje es una actividad social, la educación tradicional aísla al individuo de la sociedad.

¿Reconocemos realmente que los visitantes aprenden mientras interactúan entre sí? ¿Consideramos sus formas de aprender? ¿Tomamos en cuenta que en nuestras exhibiciones habrá interacción familiar? ¿Tenemos claro qué debemos incluir en las exhibiciones para incentivar la discusión, el intercambio de ideas y la búsqueda conjunta de respuestas? ¿Propicia el ambiente de nuestro museo o exhibición el debate activo y la interacción verbal? ¿Fomentamos el diálogo entre los visitantes y de éstos con la obra expuesta?

El aprendizaje es contextual: no aprendemos hechos y teorías de manera aislada.

¿Utilizamos “ganchos” o conexiones en las exhibiciones para atraer a los visitantes? ¿Intentamos ayudarles a entender los mensajes? ¿Nos dirigimos sólo al experto, o consideramos al visitante común y le hacemos confrontarse con lo desconocido? ¿Hemos pensado si para este visitante tiene sentido apretar un botón o leer una cédula compleja? ¿Tenemos diferentes puntos de entrada a la exhibición? ¿Damos posibilidades de intervenir a varios sentidos? ¿Ponemos en juego diferentes estímulos? ¿Atraemos a una amplia gama de visitantes? ¿Pretendemos que los visitantes asimilen conocimientos nuevos sin haber desarrollado una estructura previa para que lo logren?

El proceso de aprendizaje significativo es lento; requiere incorporar gradualmente nuevas ideas a las antiguas.

La motivación es componente clave del aprendizaje; el conocimiento debe resultar viable y útil al que aprende.

¿Nos hemos preocupado por entender el nivel en el que hay que involucrar al visitante? ¿Reconocemos que el visitante aprende cuando es empujado más allá de su propio conocimiento, pero dentro de la gama de sus posibilidades? ¿Le damos tiempo al visitante para reflexionar y para revisar sus ideas? ¿Hemos meditado en cómo acercarnos a las audiencias móviles, libres y que casi nunca regresan al museo? ¿Qué ofrecemos para los visitantes que quieren quedarse más tiempo con un tema o en ciertas zonas del museo? ¿Hasta qué punto damos recursos adicionales al visitante más interesado? ¿Cómo abordamos intereses que quizá surjan después de la visita? ¿Damos seguimiento a los visitantes? ¿Ofrecemos otras opciones más allá de la visita?

Espero que estas ideas y cuestionamientos puedan ser útiles para mis colegas involucrados en el desarrollo de exposiciones.

Carmen Sánchez Mora es bióloga y doctora en ciencias. Es Subdirectora de Educación y Formación en Divulgación de la Ciencia en la DGDC-UNAM.

Comentarios: csanchezmora@hotmail.com

 


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