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Divulgación tras bambalinas
Antonio
Sánchez Ibarra
La
experiencia es una de esas cosas que el dinero no puede comprar.
Pero como la amistad, es algo que sí se puede compartir.
He aquí un destilado de lo que su larga y exitosa trayectoria
ha enseñado a uno de los más entusiastas divulgadores
de la astronomía en nuestro país. Invitamos a nuestros
demás colegas a compartir con nosotros sus propias experiencias.
Cuando mi amigo Martín Bonfil me sugirió escribir
una nota breve sobre “cómo le hacía” para
divulgar la astronomía, me puso en aprietos. Sintetizar algo
que se vuelve una práctica y que en muchos casos se realiza
ya automáticamente requirió reflexión sobre
los puntos que me han permitido tener un avance en los propósitos
de compartir el conocimiento del cosmos con los demás.
Intentaré resumir los factores que me han permitido tener
y mantener programas de divulgación en los que, por gran
fortuna, ya no soy el único que participa:
Libertad: Me refiero a la actitud que
adopté desde mi inicio: que “más vale pedir
perdón que pedir permiso”. Esto implica mantenerse
lo más lejos posible de cualquier aparato burocrático
que implique el freno al desarrollo de un programa. Lanzarlo con
mucha efectividad y convencimiento para abatir toda la secuencia
de pasos con instancias que, en la mayoría de los casos,
sólo implica retrasos absurdos. Considero, con base en esto,
que no hubiese logrado ni el 10% de lo hecho si me hubiera puesto
a someter cada una de mis ideas o proyectos a la aprobación
burocrática. Claro, esto conlleva mucha responsabilidad si
se presentan fallas.
Creatividad: Los recursos con los que
he contado no son mejores ni peores que los de los demás
colegas. Por ello, la máxima especialidad que tengo es la
de generar proyectos que impliquen un mínimo de necesidades
y dinero. Así, ha sido posible generar planetarios de sólo
un millón de pesos, un observatorio solar de cincuenta mil
pesos, el observatorio automatizado “Carl Sagan”, de
sólo dos millones de pesos, y un sistema de televisión
por internet de menos de 30 mil pesos.
Pasión objetiva: El plantear un
proyecto y convencer (odio la palabra “vender”) a los
demás está en función de un contagio de la
pasión, pero anclada a un piso firme y objetivo. De otra
forma, no es posible convencer a nadie.
Aportación voluntaria: La mayor
fundación que ha contribuido a muchos de los proyectos ha
sido la “Sánchez-Barraza”, porque implica también
a mi esposa. No por ser rico ni tener becas, tortibecas, minibecas,
SNI o un gran salario, sino por cumplir objetivos que lo rebasan
a uno como persona. ¿Errado?... posiblemente, pero ha funcionado.
Si esperara en ocasiones tramitar tres mil pesos para lanzar un
gran proyecto, muchos aún no estarían funcionando.
Necedad: Llamada más elegantemente
persistencia. Soy una piedra en el zapato para muchos, y el hecho
de verme llegar ya significa que estaré pidiendo algo. Sin
embargo, aquí se aplica la pasión objetiva y quienes
apoyan terminan disfrutando conmigo los logros y siendo parte de
ellos, desde el jardinero hasta el funcionario.
Cautivar a los medios: Son fundamentales
los medios de comunicación. Convencerlos de que un artículo
o un espacio en radio o televisión puedan ser atractivos
para la mayoría de la gente no es fácil. Sin embargo,
es posible. Convertirnos en una fuente informativa a quien se le
puede preguntar si es cierto que el asteroide Tutatis causará
una catástrofe es un gran avance. Hemos logrado estar al
menos cuatro de los siete días de la semana en algún
medio proporcionando información astronómica.
Respeto: Nadie camina solo. Es falso que
yo haga todo individualmente. Compañeros astrónomos
como Julio Saucedo y, ante todo, estudiantes y colaboradores externos
a la universidad, viven y conviven esa pasión. Uno de los
compromisos adoptados por nuestros estudiantes, y el cual enseñamos
ante todo, es el de compartir el conocimiento. Ello conlleva el
respeto de siempre darles el crédito correspondiente.
Disciplina: Es la que nos permite mantener
un programa de radio por siete años, un flujo informativo
semanal, un programa de charlas semanales de ocho años o
un curso de astronomía que ya lleva 14 años.
Visión: No envejecer es ir con
los tiempos. No oponerse a dejar de observar por el ocular e instalar
un monitor; no rebelarse contra internet, sino aprovecharlo al máximo;
pasar de las transparencias al uso del cañón multimedia.
Ir aprovechando cada nuevo recurso tecnológico e inmediatamente
incorporarlo a nuestros objetivos.
Es posible que haya más elementos, pero respetando el espacio
concedido, sintetizo los que considero más importantes.
¡Ah!... el último: trabajo, trabajo y más trabajo,
como si el mundo se acabara mañana... lo cual es siempre
posible, al menos para uno, aunque no sea a causa de Tutatis.
Antonio
Sanchez Ibarra labora en el Área de Astronomía del
Departamento de Investigación en Física de la Universidad
de Sonora. Su capacidad para crear mantener un sinnúmero
de proyectos de divulgación es legendaria. En 2000 recibió
el Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia.
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asanchez@cosmos.astro.uson.mx
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