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Enero - marzo 2007

[ Experiencias ]


El descubrimiento científico: recompensa inesperada para el divulgador

Fabio Germán Cupul Magaña

Los divulgadores a veces nos sentimos, injustificadamente, en pugna con los investigadores científicos. He aquí un ejemplo de que, en realidad, las fronteras entre divulgación e investigación científica son más borrosas de los que parecen.

Después de leer con entusiasmo el artículo de Martín Bonfil Olivera, “Divulgadores: ¿especialistas o generalistas?” (El muégano divulgador 30, 2006), no tuve más remedio que identificarme con gusto como un divulgador generalista, condición en la que logro reconocer parte de la versátil postura que tuvieron los naturalistas y filósofos de antaño frente a los hechos de la vida.

Esta actitud generalista, definida como la capacidad (y por qué no, sagacidad) para abordar diversos temas, ha sido importante para desarrollar mi actividad de divulgación de la biodiversidad en la región de Puerto Vallarta, Jalisco (www.redpop.org/publicaciones/memorias_9reunion), la cual me ha permitido escribir en diversos semanarios locales tanto sobre ballenas como sobre microlepidópteros. Sin embargo, para lograr esta versatilidad, fue necesario reconocer primeramente mi ignorancia para posteriormente cultivar la bella costumbre de preguntar (al especialista, al lugareño...) ante la duda o el desconocimiento sobre lo que deseaba divulgar.

La condición generalista, un posible reflejo de la curiosidad desbordada del divulgador, tiene la particularidad de abrirnos una amplia gama de posibilidades para lograr, sin buscarlo, el descubrimiento científico. Esta recompensa o valor agregado de la labor divulgativa puede aparecer a lo largo del proceso de investigación que el divulgador realiza para estructurar sus manuscritos.

En mi experiencia, parte de esta recompensa llegó cuando me interesé en escribir para el periódico local sobre la historia natural de una babosa y un milpiés comunes en los patios y jardines de Puerto Vallarta. Tras la investigación documental y la consulta con especialistas para determinar la identidad de las especies (la doctora Edna Naranjo, del Institudo de Biología de la UNAM y el doctor Rowland Shelley, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte), para mi sorpresa se encontró que la babosa Sarasinula dubai y el milpiés de la especie Chondromopha xanthotricha fueron nuevos registros para el país. Estos hallazgos, que se generaron a partir de la inquietud despertada por hacer divulgación, ya forman parte de artículos y notas científicas en proceso de publicación.

En otro orden de ideas, no sólo el descubrimiento puede ser una recompensa para el divulgador, sino también el saberse involucrado, en menor o mayor medida, en la toma de decisiones de vida de sus lectores. Tal situación la advertí cuando uno de mis leyentes, en este caso estadounidense, me comentó sobre su intención de adquirir una casa para radicar definitivamente con su familia en Puerto Vallarta. Antes de tomar esta decisión para él trascendental, me preguntó si en la región se registraba la presencia de la llamada “hormiga de fuego” (Solenopsis wagneri), ya que una de sus hijas era alérgica a su picadura. Tras consultar a la especialista (la doctora Patricia Rojas, del Instituto de Ecología, AC) y realizar un estudio en la zona (publicado posteriormente) se pudo corroborar, para agrado y confianza de mi lector, la ausencia de esta especie en la zona. Esta anécdota es un ejemplo práctico de la labor que el divulgador tiene como vínculo entre la sociedad y la comunidad científica.

Con estas experiencias tal vez podremos responder en parte aquella pregunta que en alguna ocasión planteó el desaparecido Miguel Ángel Herrera: “Divulgar... ¿por qué y para qué?”.

Fabio Cupul Magaña es oceanógrafo e investigador del Centro Universitario de la Costa de la Universidad de Guadalajara, en Puerto Vallarta. Más que investigador, se considera un divulgador de la ciencia. Es autor con Juan Luis Cifuentes, del libro ¿Los terribles cocodrilos? (Col. “La ciencia para todos”, Fondo de Cultura Económica).

Comentarios: fabio_cupul@yahoo.com.mx


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