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Yo director
por
Sergio de Régules
Soñé
que era el año 2020. Sentado ante mi espacioso escritorio
con la computadora más moderna frente a mí (un verdadero
Ferrari), me disponía a iniciar mi primer día como
Director General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM,
cargo que en mi alocada juventud me había jurado jamás
ocupar por más que me suplicaran y rogaran. Por descontado,
claro está, que alguien me rogaría y suplicaría.
(“Denme por muerto”, me había yo dicho.)
Es temprano. Miro por mi amplia ventana. ¡Ah, qué vista!
Miro por mi otra amplia ventana. Suspiro de placer. Pasa el tiempo.
Tamborileo con las dos manos en el escritorio.
–Ah, tralalala... –se me ocurre decirme a mí
mismo–. Bien, bien.
Luego, al cabo de unos segundos:
–Vaya, vaya...
Tomo mi primera acción como Director General. Aprieto un
botón y digo:
–Lolita querida, ¿te sería muy molesto prepararme
un cafecito?
Esa primera acción es también mi primer paso en falso
como director general.
–Ay, Serguéi, no seas latoso. Prepáratelo tú.
Ah, tralalala. Eso es lo malo de que lo conozcan a uno desde chiquito.
Salgo y me preparo el café. De paso le preparo otro a Lolita.
Siempre le he tenido mucho cariño y un poquito de miedo por
ser el brazo derecho del Director General. Todavía recuerdo
la sensación de terror cuando, a las diez de la mañana,
estando yo todavía en la cama, me sonaba el celular y la
voz de Lolita me decía en tono melifluo: “Serguéi,
te está buscando la doctora Tagüeña. ¿Dónde
andas?”
El sueño continúa. Recibo una llamada de la Rectora
de la UNAM.
–Hola, Julia. ¿Para qué soy bueno?
Por suerte, Julia decide no contestar esa pregunta y en cambio ir
al grano: resulta que unos científicos de la universidad
han descubierto una comunidad de mamíferos subterráneos
con una organización social igualita a la del PAN Y el PRD.
–Son una especie de ratas repugnantes –completa Julia–.
Quiero que Universum haga una exposición sobre el
tema. Les doy una semana.
Como todavía estoy mareado de la emoción de haber
recibido mi primera instrucción rectorial, no me queda claro
si los científicos de la universidad son unos mamíferos
repugnantes o si las ratas quieren hacer una exposición sobre
el PAN y el PRD. (El interés de las ratas en los políticos
mexicanos, por otro lado, no me extraña: es la atracción
de las almas gemelas.) Le suplico a Lolita que me explique qué
quiso decir la rectora.
Luego viene un reportero a entrevistarme. Ah, qué bien, poder
hablar de ciencia y de nada más que ciencia toda la mañana.
–¿Qué opina de las declaraciones del presidente?
No leí el periódico hoy y no tengo ni idea de qué
pudo haber dicho el presidente, pero soy director general. Noblesse
oblige. Tengo que contestar algo. Un político hábil
hubiera esquivado la pregunta al olerse la trampa. Yo, en cambio,
me paso toda la mañana opinando fuera de la bacinica. A la
madrugada siguiente, poco después de salir de prensa los
periódicos, suena el teléfono en château
de Régules.
–Serguéi, te está buscando la doctora Tagüeña.
¿Dónde andas?
Ay, ¿qué le habré dicho al reportero? Seguramente
metí la pata. Presa de un terror añejo, trato de levantarme
pero me enredo en las sábanas... y despierto, jadeante y
despeinado, en 2006.
Nunca jamás, me juro solemnemente. A mí denme por
muerto.
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sregules@universum.unam.mx
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