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Septiembre - diciembre 2006

[ Novedades bibliográficas ]


Reseña del libro Navegante sin fronteras: homenaje a Luis de la Peña

Julia Tagüeña

Hay personajes que abarcan tantas áreas que resulta difícil definirlos. Luis de la Peña Auerbach, físico y destacado universitario, es uno de ellos. En 2006 se le organizó un homenaje y se editó un libro sobre su trayectoria, cuya reseña presentamos aquí.

Cuando fui invitada a participar en el libro Navegante sin Fronteras, homenaje a Luis de la Peña, me sentí honrada, desde luego, y pensé “qué bonito regalo de cumpleaños para Luis”. Sin embargo, después de leerlo, cambio mi descripción y digo “qué bonito regalo para todos nosotros”.

El libro es muy bueno. Tiene cosas de las que más me divierten en la vida: física, relaciones humanas, historias interesantes (es decir chismes) además de humor, cariño y buena literatura. Sí, a pesar de que no siempre los científicos saben escribir, este volumen está muy bien escrito. Es un testimonio de un pedazo del desarrollo de la física en nuestro país y tiene por lo tanto una enorme importancia histórica.

Las compiladoras, Ana María Cetto, María de la Paz Ramos y Andrea Valdés, hicieron un excelente trabajo. Empieza por tener un buen título que habla de la universalidad de Luis. La distribución de los trabajos es muy adecuada, dividida en secciones: el científico, el universitario, el humanista, el divulgador, el maestro y una última sección de biografía escrita por Ana María Cetto de manera muy personal, con un buen número de fotografías, además de un resumen curricular y la lista de las publicaciones de Luis. Desde luego que algunos trabajos traslapan secciones, pero en conjunto están muy bien seleccionados. También la portada, propuesta por sus hijas, está muy bien lograda, y el diseño y la edición son cuidados. Es un libro que se lee salteado, pero no puede soltarse fácilmente.

Son muchos los participantes de este libro homenaje, pero estoy segura de que podría existir un tomo dos, en un futuro no muy lejano. Algunos de los invitados no lograron escribir a tiempo su contribución, porque había fechas muy a-pretadas de publicación. Además, otros colaboradores seguirán apareciendo en la vida de Luis de la Peña, quien tiene una vida académica muy activa y una gran área de influencia. Llegarán nuevos alumnos, nuevos amigos y nuevos colegas que tendrán el privilegio de conocer a Luis de la Peña. Yo misma, hace un poco más de cinco años, no hubiera estado aquí, pues es en este lapso de tiempo que colaboramos estrechamente en la exposición de mecánica cuántica, Expo Q, que pueden visitar en Universum, el museo de ciencias de la UNAM.

Voy a hacer un pequeño análisis de las contribuciones y los autores de este libro, basándome en apreciaciones un poco superficiales: la elección del título de cada texto.

Con tal vez no mucha originalidad, 16 autores pusimos en el título el nombre de Luis. Entre ellos están:

–Los muy parcos: Luis de la Peña, por Peter E. Hodgson y Luis de la Peña Auerbach, por Marcos Moshinsky,.

–Parco, pero más poético: Sencillamente Luis de la Peña, de Alicia Oliver.

–El literario: El Ingenioso Caballero Don Luis de la Estocástica, de Salvador Cuevas. (También es literario, aunque no tenga el nombre de Luis en el título, el de Josip Slisko, que dice Electrodinámica Estocástica y el destino de mi vida: un cuento sobre la amargura que se volvió dulce).

–Los incluyentes, que no quieren dejar fuera ningún aspecto: Luis de la Peña: maestro, colega y amigo, de Pier Mello, y Luis de la Peña, un hombre universal, de Antonia Candela. Y dos más de este estilo, pero que dejan subyacente el nombre de Luis: Reflexiones sobre el maestro y el amigo, de Laura Viana, y Un científico humanista e interdisciplinario, de María de la Paz Ramos.

–El valiente, que usa un gerundio: Los coeficientes A y b de Einstein: aprendiendo a investigar con Luis de la Peña, de Miguel Alcubierre, aunque tal vez debería de resaltar más bien la presencia de Einstein en el título.
–Los institucionales: Luis y la Facultad de Ciencias, de Ramón Peralta y Fabi, y hay que resaltar aquí la presentación del libro, de Arturo Menchaca, quien describe el importante papel de Luis en el Instituto de Física.

–Los “únicos”: Mi tío Luis de la Peña, de José Antonio de la Peña, pues de todos los autores, sólo él es su sobrino, como él mismo lo menciona. También destaca por su unicidad Un alumno destacado, de Fernando Alba Andrade. En general se habla de Luis como maestro, pero él también fue pequeño (como se ve en algunas fotos familiares) y desde luego, alumno.

–El que da instrucciones: Se vale pensar: Luis de la peña como maestro, de Sergio de Régules.

–El aparentemente misterioso: Luis de la Peña y las cicatrices... del campo de vacío, de Jaime Avendaño. Uno empieza pensando “¿pero qué cicatrices?”, hasta que se da cuenta que se trata de regiones de interferencias constructivas.

–Los comentarios y contribuciones de física y humanidades: Comments on the physics of Luis de la Peña, de Daniel C. Cole; El campo de fundamentos de la teoría cuántica y la contribución de Luis de la Peña, de Olival Freire jr., y Luis de la Peña y las humanidades, sólo unas palabras, de Daniel Cazés Menache.

Acerca de Luis, un colega no ocioso, de Juan Manuel Lozano, cuenta cómo aparece Ana María Cetto en la vida de Luis para ser su compañera y colaboradora académica a lo largo de sus vidas.

–El premio al título más feo sin duda para el mío: Luis de la Peña y Expo Q. ¡Pero por favor, no se la salten! Además Expo Q es una gran exposición que les invito a visitar.

–Paso ahora a los que felicitan directamente a Luis (muchos lo hacen en el interior del texto, inclusive varias contribuciones están escritas como cartas a Luis): ¡Feliz Cumpleaños!, de Isabel Puga y Para mi muy querido y admirado amigo, ¡feliz cumpleaños!, de Elena Álvarez-Buylla Roces.

–Los que hablan sobre el tiempo: La flecha relativista del espacio-tiempo, de Ángel Prieto; Del tiempo en la memoria, algunos recuerdos..., de Isabel Puga; Del tiempo medido en años, hace alrededor de 40 años..., de Rosa María Velasco y Tres cuartos de siglo a partir del 2006 nos son aún necesarios, de Elohim Jiménez López, que se refiere justamente a la posibilidad de un segundo tomo del libro que nos ocupa.

–Los que mencionan explícitamente a la mecánica cuántica (aunque ésta aparece de alguna manera en casi todas las secciones): Stochastic evolution in Hilbert spaces and open quantum systems, de Miguel Ferreiro, David Salgado y José Luis Sánchez-Gómez; Ambigüedades en la cuantización de sistemas clásicos, de J. Antonio García: Mecánica cuántica y realismo, de Ignacio Campos, y Elementos de realidad, de Leonardo Patiño.

¿Problemas con la mecánica cuántica?, de Mirna Villavicencio, hace que al leerlo nos preguntemos: ¿habrá alguno más además de los medio millar que aparecen en el texto que escribió con Luis, Problemas y ejercicios de mecánica cuántica?

Están también los títulos que se refieren al vacío, a la disipación y a la electrodinámica estocástica. (Por cierto, a la gente no relacionada con la ciencia le parece muy gracioso que suceda algo en el vacío, cuyo nombre parecería indicar que ahí nada pasa). En este tipo de contribuciones, mucho más técnicas, no deja de haber, sin embargo, alguna anécdota, alguna referencia personal: A classical model of photodetector in the presence of electromagnetic vacuum fluctuations, de Emilio Santos; Stochastic electrodynamics as an analytical tool: the case of the quantum vacuum inertia hypothesis, de Alfonso Rueda e Hiroki Sunahata, y Procesos disipativos relativistas, de Leopoldo García Colín.

Voy a terminar con los títulos donde hay algún juego de palabras, algún sentido oculto. Empiezo por el propio título del libro, Navegante sin fronteras. ¿Cuáles fronteras? Por un lado las geográficas: en el libro se aprecia cómo la influencia de Luis llega no sólo a muchos estados e instituciones mexicanas, sino a muchos otros países: España, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra. Pero también las disciplinarias: pasa Luis sin problema a la filosofía, al arte, a las humanidades, a las ciencias sociales. El título de la contribución de Marcelino Cereijido juega con la seguridad que da una roca, una peña, sin mayúscula: Una peña que asienta la grandeza de la UNAM. En La curiosidad como motor de vida, de Patricia Magaña, se hace una linda analogía, y al leer Un zurdo diestro en la física, de Andrea Valdés Hernández, no se puede dejar de pensar en el papel de Luis en la izquierda política, como una voz íntegra que se escucha.

Recomiendo mucho este libro. Cada lector puede ser un navegante a través de sus páginas, en las que encontrará diferentes riquezas. Al leerlo participará, aunque no conozca personalmente a Luis de la Peña, en un muy merecido homenaje.

Julia Tagüeña Parga es doctora en física y Directora General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM.

Comentarios: jtag@servidor.unam.mx

 


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