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Reseña del libro Navegante sin fronteras: homenaje a Luis
de la Peña
Julia
Tagüeña
Hay
personajes que abarcan tantas áreas que resulta difícil
definirlos. Luis de la Peña Auerbach, físico y destacado
universitario, es uno de ellos. En 2006 se le organizó un
homenaje y se editó un libro sobre su trayectoria, cuya reseña
presentamos aquí.
Cuando fui invitada a participar en el libro Navegante
sin Fronteras, homenaje a Luis de la Peña, me sentí
honrada, desde luego, y pensé “qué bonito regalo
de cumpleaños para Luis”. Sin embargo, después
de leerlo, cambio mi descripción y digo “qué
bonito regalo para todos nosotros”.
El libro es muy bueno. Tiene cosas de las que más me divierten
en la vida: física, relaciones humanas, historias interesantes
(es decir chismes) además de humor, cariño y buena
literatura. Sí, a pesar de que no siempre los científicos
saben escribir, este volumen está muy bien escrito. Es un
testimonio de un pedazo del desarrollo de la física en nuestro
país y tiene por lo tanto una enorme importancia histórica.
Las compiladoras, Ana María Cetto, María de la Paz
Ramos y Andrea Valdés, hicieron un excelente trabajo. Empieza
por tener un buen título que habla de la universalidad de
Luis. La distribución de los trabajos es muy adecuada, dividida
en secciones: el científico, el universitario, el humanista,
el divulgador, el maestro y una última sección de
biografía escrita por Ana María Cetto de manera muy
personal, con un buen número de fotografías, además
de un resumen curricular y la lista de las publicaciones de Luis.
Desde luego que algunos trabajos traslapan secciones, pero en conjunto
están muy bien seleccionados. También la portada,
propuesta por sus hijas, está muy bien lograda, y el diseño
y la edición son cuidados. Es un libro que se lee salteado,
pero no puede soltarse fácilmente.
Son muchos los participantes de este libro homenaje, pero estoy
segura de que podría existir un tomo dos, en un futuro no
muy lejano. Algunos de los invitados no lograron escribir a tiempo
su contribución, porque había fechas muy a-pretadas
de publicación. Además, otros colaboradores seguirán
apareciendo en la vida de Luis de la Peña, quien tiene una
vida académica muy activa y una gran área de influencia.
Llegarán nuevos alumnos, nuevos amigos y nuevos colegas que
tendrán el privilegio de conocer a Luis de la Peña.
Yo misma, hace un poco más de cinco años, no hubiera
estado aquí, pues es en este lapso de tiempo que colaboramos
estrechamente en la exposición de mecánica cuántica,
Expo Q, que pueden visitar en Universum, el museo de ciencias
de la UNAM.
Voy a hacer un pequeño análisis de las contribuciones
y los autores de este libro, basándome en apreciaciones un
poco superficiales: la elección del título de cada
texto.
Con tal vez no mucha originalidad, 16 autores pusimos en el título
el nombre de Luis. Entre ellos están:
–Los muy parcos: Luis de la Peña, por Peter
E. Hodgson y Luis de la Peña Auerbach, por Marcos
Moshinsky,.
–Parco, pero más poético: Sencillamente
Luis de la Peña, de Alicia Oliver.
–El literario: El Ingenioso Caballero Don Luis de la Estocástica,
de Salvador Cuevas. (También es literario, aunque no tenga
el nombre de Luis en el título, el de Josip Slisko, que dice
Electrodinámica Estocástica y el destino
de mi vida: un cuento sobre la amargura que se volvió dulce).
–Los incluyentes, que no quieren dejar fuera ningún
aspecto: Luis de la Peña: maestro, colega y amigo,
de Pier Mello, y Luis de la Peña, un hombre universal,
de Antonia Candela. Y dos más de este estilo, pero que dejan
subyacente el nombre de Luis: Reflexiones sobre el maestro y
el amigo, de Laura Viana, y Un científico humanista
e interdisciplinario, de María de la Paz Ramos.
–El valiente, que usa un gerundio: Los coeficientes A
y b de Einstein: aprendiendo a investigar con Luis de la Peña,
de Miguel Alcubierre, aunque tal vez debería de resaltar
más bien la presencia de Einstein en el título.
–Los institucionales: Luis y la Facultad de Ciencias,
de Ramón Peralta y Fabi, y hay que resaltar aquí la
presentación del libro, de Arturo Menchaca, quien describe
el importante papel de Luis en el Instituto de Física.
–Los “únicos”: Mi tío Luis de
la Peña, de José Antonio de la Peña, pues
de todos los autores, sólo él es su sobrino, como
él mismo lo menciona. También destaca por su unicidad
Un alumno destacado, de Fernando Alba Andrade. En general
se habla de Luis como maestro, pero él también fue
pequeño (como se ve en algunas fotos familiares) y desde
luego, alumno.
–El que da instrucciones: Se vale pensar: Luis de la peña
como maestro, de Sergio de Régules.
–El aparentemente misterioso: Luis de la Peña y
las cicatrices... del campo de vacío, de Jaime Avendaño.
Uno empieza pensando “¿pero qué cicatrices?”,
hasta que se da cuenta que se trata de regiones de interferencias
constructivas.
–Los comentarios y contribuciones de física y humanidades:
Comments on the physics of Luis de la Peña, de Daniel
C. Cole; El campo de fundamentos de la teoría cuántica
y la contribución de Luis de la Peña, de Olival
Freire jr., y Luis de la Peña y las humanidades, sólo
unas palabras, de Daniel Cazés Menache.
–Acerca de Luis, un colega no ocioso, de Juan Manuel
Lozano, cuenta cómo aparece Ana María Cetto en la
vida de Luis para ser su compañera y colaboradora académica
a lo largo de sus vidas.
–El premio al título más feo sin duda para el
mío: Luis de la Peña y Expo Q. ¡Pero
por favor, no se la salten! Además Expo Q es una gran exposición
que les invito a visitar.
–Paso ahora a los que felicitan directamente a Luis (muchos
lo hacen en el interior del texto, inclusive varias contribuciones
están escritas como cartas a Luis): ¡Feliz Cumpleaños!,
de Isabel Puga y Para mi muy querido y admirado amigo, ¡feliz
cumpleaños!, de Elena Álvarez-Buylla Roces.
–Los que hablan sobre el tiempo: La flecha relativista
del espacio-tiempo, de Ángel Prieto; Del tiempo
en la memoria, algunos recuerdos..., de Isabel Puga; Del
tiempo medido en años, hace alrededor de 40 años...,
de Rosa María Velasco y Tres cuartos de siglo a partir
del 2006 nos son aún necesarios, de Elohim Jiménez
López, que se refiere justamente a la posibilidad de un segundo
tomo del libro que nos ocupa.
–Los que mencionan explícitamente a la mecánica
cuántica (aunque ésta aparece de alguna manera en
casi todas las secciones): Stochastic evolution in Hilbert spaces
and open quantum systems, de Miguel Ferreiro, David Salgado
y José Luis Sánchez-Gómez; Ambigüedades
en la cuantización de sistemas clásicos, de J.
Antonio García: Mecánica cuántica y realismo,
de Ignacio Campos, y Elementos de realidad, de Leonardo
Patiño.
–¿Problemas con la mecánica cuántica?,
de Mirna Villavicencio, hace que al leerlo nos preguntemos: ¿habrá
alguno más además de los medio millar que aparecen
en el texto que escribió con Luis, Problemas y ejercicios
de mecánica cuántica?
Están también los títulos que se refieren al
vacío, a la disipación y a la electrodinámica
estocástica. (Por cierto, a la gente no relacionada con la
ciencia le parece muy gracioso que suceda algo en el vacío,
cuyo nombre parecería indicar que ahí nada pasa).
En este tipo de contribuciones, mucho más técnicas,
no deja de haber, sin embargo, alguna anécdota, alguna referencia
personal: A classical model of photodetector in the presence
of electromagnetic vacuum fluctuations, de Emilio Santos; Stochastic
electrodynamics as an analytical tool: the case of the quantum vacuum
inertia hypothesis, de Alfonso Rueda e Hiroki Sunahata,
y Procesos disipativos relativistas, de Leopoldo García
Colín.
Voy a terminar con los títulos donde hay algún juego
de palabras, algún sentido oculto. Empiezo por el propio
título del libro, Navegante sin fronteras. ¿Cuáles
fronteras? Por un lado las geográficas: en el libro se aprecia
cómo la influencia de Luis llega no sólo a muchos
estados e instituciones mexicanas, sino a muchos otros países:
España, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra. Pero también
las disciplinarias: pasa Luis sin problema a la filosofía,
al arte, a las humanidades, a las ciencias sociales. El título
de la contribución de Marcelino Cereijido juega con la seguridad
que da una roca, una peña, sin mayúscula: Una
peña que asienta la grandeza de la UNAM. En La curiosidad
como motor de vida, de Patricia Magaña, se hace una
linda analogía, y al leer Un zurdo diestro en la física,
de Andrea Valdés Hernández, no se puede dejar de pensar
en el papel de Luis en la izquierda política, como una voz
íntegra que se escucha.
Recomiendo mucho este libro. Cada lector puede ser un navegante
a través de sus páginas, en las que encontrará
diferentes riquezas. Al leerlo participará, aunque no conozca
personalmente a Luis de la Peña, en un muy merecido homenaje.
Julia
Tagüeña Parga es doctora en física y Directora
General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM.
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