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Divulgación y recreación
por
Martín Bonfil Olivera
Los
divulgadores científicos tenemos problemas hasta para ponernos
de acuerdo en el nombre de nuestra ocupación (divulgación,
difusión, popularización...) o en su definición
(aunque hay definiciones bastante útiles, como la presentada
por Ana María y Carmen Sánchez Mora y adoptada por
el Sistema Nacional de Investigadores; ver El muégano
divulgador #21, pág. 9).
Pero eso sí: muchos divulgadores mexicanos coincidimos en
que en la base de nuestra actividad está el proceso de recreación
divulgativa.
Nuevamente, no hay definición unánime. Aunque, dejando
de lado la homonimia trivial con la “recreación”
que se busca en el cine o la feria, la palabra misma es bastante
clara. Re-crear un mensaje es, en efecto, volver a
crear uno que ya existe. Evidentemente, con una forma distinta;
de otro modo estaríamos copiando.
Para que tal re-creación sea útil y no un simple plagio,
su objetivo debe ser distinto al del mensaje original. En el caso
de un mensaje científico dirigido a un público no
científico, el objetivo de la recreación sería
cambiar la forma original –especializada– del mensaje
por otra que sea accesible a dicho público.
Y es que el lenguaje científico, precisamente debido a las
cualidades que lo hacen valioso como herramienta de comunicación
entre expertos (identificar, describir y sistematizar en forma ultra-compacta
y eficaz los conceptos científicos), resulta prácticamente
ininteligible para el lego.
Por ello, tiene que ser traducido –en el único
sentido que algo puede traducirse, es decir, mediante la creación
de un nuevo mensaje en un lenguaje comprensible y con el contexto
necesario para que tenga algún sentido para su receptor.
La necesidad de recrear el mensaje científico antes de que
éste pueda ser accesible al público lego va en contra
de la muy extendida –y errónea– concepción
de que el conocimiento puede simplemente transmitirse.
A diferencia de una conexión entre computadoras, en la comunicación
humana el emisor tiene que construir un mensaje que nunca
representa exactamente sus ideas. A su vez, el receptor, a partir
de la información que reciben sus sentidos, siempre con cierta
distorsión, tiene que re-construir un sentido para dicho
mensaje.
El divulgador va sólo un paso más allá: es
el intérprete que ejecuta para el público la música
de la ciencia, escrita en el lenguaje de las partituras científicas.
Pretender que el divulgador sea sólo un transmisor que comunica
sin distorsión es ignorar que toda comunicación es,
en el fondo, un acto de creativo. De ahí los problemas de
la comunicación humana. De ahí también, para
el buen divulgador, el reto de buscar la recreación que,
aunque inevitablemente distorsione el mensaje científico,
logre hacerlo accesible para su público.
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