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Por una divulgación más alegre
Tirso
Ríos
Ofrecemos
a nuestros lectores una versión editada de las palabras pronunciadas
por el ganador del Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia
y la Técnica “Alejandra Jaidar” 2005 en la ceremonia
de entrega del mismo, en marzo de 2006.
Recibir
el Premio “Alejandra Jaidar” es una grata sorpresa que
mucho me honra y distingue.
En el lejano 1953, en mi calidad de maestro de química del
ciclo secundario, me intrigó el rechazo del alumnado a las
clases de esta materia. Hallé muchas explicaciones y como
consecuencia decidí publicar, en colaboración de los
maestros J. José Vidal y Arnulfo Rivera, Química
ilustrada, un curso de química en cuadernillos al estilo
de los gustados y leídos comics. Este programa era
un intento de hacer la ciencia más grata, menos aburrida,
un poco graciosa, y sobre todo quitarle solemnidad ante los temerosos
y prejuiciados quinceañeros.
Un poco después, durante el desarrollo de mi tesis profesional,
en el Instituto de Química de la Universidad Nacional Autónoma
de México, me acerqué a una pléyade de investigadores
y grandes maestros.
Las pláticas nocturnas con el doctor Jesús Romo Armería,
uno de los mejores químicos de aquellos días, me documentaron
sobre los problemas del desarrollo de los pueblos latinoamericanos,
del precario desarrollo de la ciencia y en especial del desarrollo
de la química, a pesar de algunos escasos éxitos,
perdidos en el tiempo.
Del doctor Romo escuché repetidas veces que la química
no tenía un foro donde dar a conocer las investigaciones
que se desarrollan en nuestro país y en el resto de Latinoamérica.
México y Latinoamérica tenían que presentar
sus avances y su precario desarrollo científico y tecnológico
en los foros extranjeros. Era muy deseable y necesario que los latinoamericanos
integraran un foro para comunicar sus avances y activar su desarrollo
para que emergieran de la marginación. Era necesario dar
a conocer nuestros pocos avances en la ciencia y la técnica.
El sueño-deseo del doctor Romo se realizó espectacularmente
con la aparición casi milagrosa de la Revista Latinoamericana
de Química, que aglutinó los esfuerzos y el interés
de los investigadores mexicanos y el resto del continente. Para
lograrlo fue necesario vencer una serie de problemas como la existencia
de pocos investigadores líderes, el precario desarrollo del
área, la poca originalidad y desde luego el de los fondos
con que se desarrollarían tan importantes tareas. ¿Cómo
surtir la publicación a un continente? ¿En qué
idioma se publicaría y cómo se garantizaría
la objetividad para seleccionar lo publicable?
En respuesta a todos estos prejuicios destructivos, la revista apareció
en 1970. ¡Por fin había germinado la semilla! El camino
fue largo, difícil; veinte años. Pero la acumulación
de experiencia me enriqueció.
Los primeros números de la Revista Latinoamericana de
Química contenían artículos de buena calidad,
de colaboradores de diferentes países latinoamericanos y,
¡oh, sorpresa!, de algunos célebres profesores norteamericanos,
como los doctores A. Gaissman, R. Taylor y Werner Hertz, entre otros
líderes en sus respectivos campos. La aparición en
la revista del artículo “Dos décadas de investigación
sobre la biosíntesis de los sacáridos”, nada
menos que el discurso de Luis Leloir, químico argentino,
al recibir el premio Nobel de química en 1971, fue importante
y oportuno.
Como ustedes ven, un modesto arranque con gran esfuerzo y alegría
que perdura, porque la revista sigue recogiendo los trabajos del
área y se continúa publicando gracias al empeño
de algunos compañeros y al generoso y desinteresado apoyo
económico de un industrial mexicano, el ingeniero Jorge Ebrard,
de los laboratorios Mixim.
Publicar, informar, comunicar los resultados de los investigadores
a sus pares es obviamente necesario y en última instancia
es divulgar el desarrollo científico. Pero divulgar la ciencia
tiene una nueva acepción, un concepto moderno más
amplio, que nos pide divulgar, informar con claridad, precisión
y verazmente a los no iniciados, a los que no cultivan la ciencia.
Comunicación
Veinte años más tarde aparece Folium un panfleto
informal dedicado a divulgar el trabajo de los investigadores, principalmente
nacionales. La aventura continúa. Folium está
dedicado a los jóvenes, a veces escrito en el lenguaje coloquial
que ellos manejan.
Escuchemos lo que dice Folium:
Divulgar la ciencia no es fácil; transformar lo que para
la mayoría de la gente parece inentendible es trabajo duro.
Sin embargo es una necesidad: nuestros jóvenes, nidos de
talento e imaginación, y nuestros iniciados en la ciencia
deben conocer su historia, sus aciertos, sus errores, su problemática
y su costo económico y social. ¡Hay que desarrollar
el periodismo científico!
Pero es sabido que para hacer guisado de liebre... ¡necesitamos
primero la liebre! Así que no olvidemos el desarrollo primordial
de la ciencia y la técnica.
Los desarrollos tecnológicos actuales nos permiten hacer
una divulgación más eficiente y agradable, más
alegre, como lo señalaba y deseaba Alejandra Jaidar. Así,
con este fin, debo de confesar que a veces hemos usado ciertos trucos.
Veamos: “Las estrellas del cine italiano visitan México”
(Primeras jornadas del cine científico, Universidad Nacional
Autónoma de México/Instituto Italo-Latinoamericano).
Los diarios importantes así lo confirmaban. Algunos jóvenes
pensaron que podrían alternar, conocer, apapachar a Sophia
Loren, Edwige Fenech, a Ornella Muti o Marcelo Mastroianni. Seguro
que las películas y los debates a que asistieron les interesaron
más, ya que pudieron alternar con los maestros Virgilio Tosi,
Fernando Armati y Ernesto Capanna, funcionarios y realizadores del
cine científico internacional y desde luego, con la contraparte
mexicana, personalidades conocidas de ustedes como Luis Estrada,
Manuel González Casanova, Guadalupe Zamarrón, Iván
Trujillo y José Rovirosa, entre otros.
Así, en mi breve paso el frente de la Vicesecretaría
Científico-Técnica del Instituto Italo Latinoamericano,
con sede en Roma (1979-1981), se realizaron congresos, conferencias,
cursos temporales, intercambio de académicos, visita de profesores,
transferencia de profesores calificados de América Latina,
así como la publicación de resultados y material informativo,
ya fuera en los países miembros o en Italia. Un poco de información,
de comunicación y de divulgación de la ciencia de
Europa para América Latina.
A veces es necesario usar algunos de los trucos comunes en la mercadotecnia
para promover el interés sobre algunos temas y motivar. Por
ejemplo: ¿cuál es el fruto que comen más los
mexicanos..? El chile (“Algunas reflexiones sobre el chile”).
¿Y qué decir de las lúdicas sospechas generadas
por un sugerente y llamativo título?: “Romance, amor,
deseo, éxtasis... químicamente hablando”. Auditorio
repleto, gran interés. ¡Sorpresa que se llevaron los
jóvenes expertos en esas lídes! ¿Qué
esperaban? Seguramente una producción XXX. En fin, finalmente
mostraron su interés, al exigir una plática más
completa a la par de otra asignatura de la Facultad de Química,
es decir, teoría y práctica.
Divulgación
Maestros, bajemos de los laberintos celestiales de la ciencia los
frutos del entendimiento, no sólo para los iniciados, sino
para todos. De este modo se satisface una necesidad que parece estar
íntimamente ligada a nuestra naturaleza: la de conocer el
mundo que nos rodea para comprenderlo; así se lo entenderá
mejor y tendremos más adeptos.
Es necesario mencionar los loables intentos e impulsos que la Universidad
Nacional Autónoma de México y otros centros de educación
superior están realizando en el campo de la divulgación,
en otros tiempos tan menospreciada. Agradezco a todos aquellos que
han colaborado en la realización de los trabajos y a todos
los que me han brindado su apoyo desinteresado a los largo de los
años.
Finalmente, con la A de angustia y la Z de zozobra, por no mencionar
el largo abecedario de los colaboradores, una vez más agradezco
la distinción que recibo. Gracias.
Tirso Ríos fue fundador y editor, a principios de los años
setentas, de la Revista
Latinoamericana de Química. Encabezó la fundación
de la Academia Latinoamericana de Fitoquímica. Fundó
la publicación cuatrimestral Folium, órgano
de divulgación científica dirigido a los estudiantes
de enseñanza media y profesional. Ha recibido el Premio Nacional
de Química Andrés Manuel del Río (1985) y el
Premio Universidad Nacional en Investigación en Ciencias
Naturales (1996).
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tirso@servidor.unam.mx
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