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Julio - agosto 2006

[ Mi visión ]


Por una divulgación más alegre

Tirso Ríos

Ofrecemos a nuestros lectores una versión editada de las palabras pronunciadas por el ganador del Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia y la Técnica “Alejandra Jaidar” 2005 en la ceremonia de entrega del mismo, en marzo de 2006.

Recibir el Premio “Alejandra Jaidar” es una grata sorpresa que mucho me honra y distingue.

En el lejano 1953, en mi calidad de maestro de química del ciclo secundario, me intrigó el rechazo del alumnado a las clases de esta materia. Hallé muchas explicaciones y como consecuencia decidí publicar, en colaboración de los maestros J. José Vidal y Arnulfo Rivera, Química ilustrada, un curso de química en cuadernillos al estilo de los gustados y leídos comics. Este programa era un intento de hacer la ciencia más grata, menos aburrida, un poco graciosa, y sobre todo quitarle solemnidad ante los temerosos y prejuiciados quinceañeros.

Un poco después, durante el desarrollo de mi tesis profesional, en el Instituto de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México, me acerqué a una pléyade de investigadores y grandes maestros.

Las pláticas nocturnas con el doctor Jesús Romo Armería, uno de los mejores químicos de aquellos días, me documentaron sobre los problemas del desarrollo de los pueblos latinoamericanos, del precario desarrollo de la ciencia y en especial del desarrollo de la química, a pesar de algunos escasos éxitos, perdidos en el tiempo.

Del doctor Romo escuché repetidas veces que la química no tenía un foro donde dar a conocer las investigaciones que se desarrollan en nuestro país y en el resto de Latinoamérica. México y Latinoamérica tenían que presentar sus avances y su precario desarrollo científico y tecnológico en los foros extranjeros. Era muy deseable y necesario que los latinoamericanos integraran un foro para comunicar sus avances y activar su desarrollo para que emergieran de la marginación. Era necesario dar a conocer nuestros pocos avances en la ciencia y la técnica.

El sueño-deseo del doctor Romo se realizó espectacularmente con la aparición casi milagrosa de la Revista Latinoamericana de Química, que aglutinó los esfuerzos y el interés de los investigadores mexicanos y el resto del continente. Para lograrlo fue necesario vencer una serie de problemas como la existencia de pocos investigadores líderes, el precario desarrollo del área, la poca originalidad y desde luego el de los fondos con que se desarrollarían tan importantes tareas. ¿Cómo surtir la publicación a un continente? ¿En qué idioma se publicaría y cómo se garantizaría la objetividad para seleccionar lo publicable?

En respuesta a todos estos prejuicios destructivos, la revista apareció en 1970. ¡Por fin había germinado la semilla! El camino fue largo, difícil; veinte años. Pero la acumulación de experiencia me enriqueció.

Los primeros números de la Revista Latinoamericana de Química contenían artículos de buena calidad, de colaboradores de diferentes países latinoamericanos y, ¡oh, sorpresa!, de algunos célebres profesores norteamericanos, como los doctores A. Gaissman, R. Taylor y Werner Hertz, entre otros líderes en sus respectivos campos. La aparición en la revista del artículo “Dos décadas de investigación sobre la biosíntesis de los sacáridos”, nada menos que el discurso de Luis Leloir, químico argentino, al recibir el premio Nobel de química en 1971, fue importante y oportuno.

Como ustedes ven, un modesto arranque con gran esfuerzo y alegría que perdura, porque la revista sigue recogiendo los trabajos del área y se continúa publicando gracias al empeño de algunos compañeros y al generoso y desinteresado apoyo económico de un industrial mexicano, el ingeniero Jorge Ebrard, de los laboratorios Mixim.

Publicar, informar, comunicar los resultados de los investigadores a sus pares es obviamente necesario y en última instancia es divulgar el desarrollo científico. Pero divulgar la ciencia tiene una nueva acepción, un concepto moderno más amplio, que nos pide divulgar, informar con claridad, precisión y verazmente a los no iniciados, a los que no cultivan la ciencia.

Comunicación
Veinte años más tarde aparece Folium un panfleto informal dedicado a divulgar el trabajo de los investigadores, principalmente nacionales. La aventura continúa. Folium está dedicado a los jóvenes, a veces escrito en el lenguaje coloquial que ellos manejan.

Escuchemos lo que dice Folium:

Divulgar la ciencia no es fácil; transformar lo que para la mayoría de la gente parece inentendible es trabajo duro. Sin embargo es una necesidad: nuestros jóvenes, nidos de talento e imaginación, y nuestros iniciados en la ciencia deben conocer su historia, sus aciertos, sus errores, su problemática y su costo económico y social. ¡Hay que desarrollar el periodismo científico!

Pero es sabido que para hacer guisado de liebre... ¡necesitamos primero la liebre! Así que no olvidemos el desarrollo primordial de la ciencia y la técnica.

Los desarrollos tecnológicos actuales nos permiten hacer una divulgación más eficiente y agradable, más alegre, como lo señalaba y deseaba Alejandra Jaidar. Así, con este fin, debo de confesar que a veces hemos usado ciertos trucos.

Veamos: “Las estrellas del cine italiano visitan México” (Primeras jornadas del cine científico, Universidad Nacional Autónoma de México/Instituto Italo-Latinoamericano). Los diarios importantes así lo confirmaban. Algunos jóvenes pensaron que podrían alternar, conocer, apapachar a Sophia Loren, Edwige Fenech, a Ornella Muti o Marcelo Mastroianni. Seguro que las películas y los debates a que asistieron les interesaron más, ya que pudieron alternar con los maestros Virgilio Tosi, Fernando Armati y Ernesto Capanna, funcionarios y realizadores del cine científico internacional y desde luego, con la contraparte mexicana, personalidades conocidas de ustedes como Luis Estrada, Manuel González Casanova, Guadalupe Zamarrón, Iván Trujillo y José Rovirosa, entre otros.

Así, en mi breve paso el frente de la Vicesecretaría Científico-Técnica del Instituto Italo Latinoamericano, con sede en Roma (1979-1981), se realizaron congresos, conferencias, cursos temporales, intercambio de académicos, visita de profesores, transferencia de profesores calificados de América Latina, así como la publicación de resultados y material informativo, ya fuera en los países miembros o en Italia. Un poco de información, de comunicación y de divulgación de la ciencia de Europa para América Latina.

A veces es necesario usar algunos de los trucos comunes en la mercadotecnia para promover el interés sobre algunos temas y motivar. Por ejemplo: ¿cuál es el fruto que comen más los mexicanos..? El chile (“Algunas reflexiones sobre el chile”). ¿Y qué decir de las lúdicas sospechas generadas por un sugerente y llamativo título?: “Romance, amor, deseo, éxtasis... químicamente hablando”. Auditorio repleto, gran interés. ¡Sorpresa que se llevaron los jóvenes expertos en esas lídes! ¿Qué esperaban? Seguramente una producción XXX. En fin, finalmente mostraron su interés, al exigir una plática más completa a la par de otra asignatura de la Facultad de Química, es decir, teoría y práctica.

Divulgación
Maestros, bajemos de los laberintos celestiales de la ciencia los frutos del entendimiento, no sólo para los iniciados, sino para todos. De este modo se satisface una necesidad que parece estar íntimamente ligada a nuestra naturaleza: la de conocer el mundo que nos rodea para comprenderlo; así se lo entenderá mejor y tendremos más adeptos.

Es necesario mencionar los loables intentos e impulsos que la Universidad Nacional Autónoma de México y otros centros de educación superior están realizando en el campo de la divulgación, en otros tiempos tan menospreciada. Agradezco a todos aquellos que han colaborado en la realización de los trabajos y a todos los que me han brindado su apoyo desinteresado a los largo de los años.

Finalmente, con la A de angustia y la Z de zozobra, por no mencionar el largo abecedario de los colaboradores, una vez más agradezco la distinción que recibo. Gracias.

Tirso Ríos fue fundador y editor, a principios de los años setentas, de la Revista Latinoamericana de Química. Encabezó la fundación de la Academia Latinoamericana de Fitoquímica. Fundó la publicación cuatrimestral Folium, órgano de divulgación científica dirigido a los estudiantes de enseñanza media y profesional. Ha recibido el Premio Nacional de Química Andrés Manuel del Río (1985) y el Premio Universidad Nacional en Investigación en Ciencias Naturales (1996).

Comentarios: tirso@servidor.unam.mx


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