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Divulgadores: ¿especialistas o generalistas?
por Martín Bonfil Olivera
El lúcido aunque pesimista biólogo molecular Erwin
Chargaff expresa en su ensayo «Los amateurs» (reproducido
en la compilación Todo por saber, DGDC-UNAM, 1999)
su convicción de que «los expertos son los responsables
del lío en que nos encontramos», y considera que «si
el mundo aún puede salvarse será por los amateurs».
La propuesta resulta pertinente cuando se considera la muy extendida
opinión –sobre todo entre investigadores científicos–
de que los divulgadores, periodistas científicos y fauna
relacionada son una especie de amateurs de la ciencia (llegan incluso
a negarles el apellido «científicos», permitiéndoles
tan sólo considerarse «de la ciencia»).
Pocos especialistas hay más especializados que los investigadores
científicos. Desde ese punto de vista, es cierto que un divulgador,
al abordar un tema especializado, es en cierto modo un amateur.
Pero se olvida que las necesidades intrínsecas de la labor
de poner la ciencia al alcance del público no científico
son tales que no queda más remedio que convertirse, en mayor
o menor medida, en un generalista. Alguien que pueda abordar diversos
temas –lo amplio de la gama dependerá de los intereses
y capacidades personales– con el nivel de profundidad adecuado
para poder realizar la labor correctamente... y quizá hasta
con algo de creatividad, si es posible. Abarcar mucho y apretar
tanto como se pueda... No más, por más que uno quisiera.
En vez de tomar la falta de especialización del divulgador
como signo de amateurismo (en el sentido peyorativo; la palabra
ha llegado a convertirse en sinónimo de «improvisado»),
convendría reconocer la profunda importancia que tiene para
el divulgador su carácter generalista. Es gracias a ello
que logra mantener el interés de su público para convertirlo
en público cautivo y cotidiano, en «cliente»
de la ciencia. Para construir una cultura científica en el
ciudadano no basta con ofrecer eventos únicos; hay que mantener
una oferta constante y necesariamente variada de ciencia accesible
y atractiva.
Chargaff defiende el valor de los amateurs: son los únicos
capaces de lograr lo que los especialistas no pueden. No por nada
propone «deshacernos de una vez por todas de la ridícula
reverencia a la especialización que se nos ha metido en la
cabeza». Reconoce que, fuera de su campo, un especialista
es quizá el tipo de persona que puede causar más estropicios.
Si la investigación es imposible sin valiosos especialistas,
la divulgación científica requiere por naturaleza,
en cambio, gozosos generalistas de la ciencia. (Aunque, necesaria,
inevitablemente, un buen divulgador sea también un especialista...
en comunicación de la ciencia).
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mbonfil@servidor.unam.mx
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