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Novedades bibliográficas
 


Julio - septiembre 2005

[ Novedades bibliográficas ]


Cómo jugar con la sensibilidad de un ingenuo que creyó comprar un buen libro

José Manuel Posada de la Concha

Manualito de imposturología física, de Fernando Vallejo (Taurus, 2005) Este libro trata sobre los supuestos errores que ha tenido la física en su construcción, desde la mecánica newtoniana hasta la mecánica cuántica. El autor critica, entre muchas cosas más, el lenguaje matemático que se utiliza en esta ciencia y, humildemente, redefine todo lo que a su gusto no le parece correcto. Y nuestro reseñista, desde su punto de vista como físico y divulgador, expresa los sentimientos y reflexiones que su lectura le provocó.

Qué sabrosa suele ser la provocación intelectual que incita no solamente al intercambio de ideas en una plática común, sino, incluso, a discutir acaloradamente a más de 70 decibeles. Por supuesto que no son muy recomendables las discusiones a gritos, aunque me han tocado presenciar varias altamente enriquecedoras dentro de la UNAM. Quienes participan en todo tipo de discusiones deben conocer y respetar las reglas no escritas para llegar a feliz término, o quizás solamente feliz indefinición, para prolongarlas posteriormente.

Pero existen otras reglas que ocupan frecuentemente quienes, por ejemplo, salen con los ojos desorbitados del automóvil a dirimir a puño limpio el percance de tránsito en el que acaban de involucrarse.

Si en una discusión intelectual lo que se busca es sanar la curiosidad (creo), ¿qué ganarías tú, estimado degedecero, golpeando a quien no comparte tus posturas respecto a los posibles efectos abortivos de la píldora del día siguiente o si 2003UB313 es un planeta o no? Este tipo de actitudes desentonan en cualquier sitio, pero más en un ambiente académico, ¿de acuerdo?

Fernando Vallejo provoca, pero provoca con un estilo muy bajo en un medio donde no debería. Sus métodos son tan pueriles como los golpes: es de los que escupen al rostro, así, directo, sin avisar. Este reconocido novelista colombiano quiso escribir una más de sus ficciones redefiniendo toda física misma así, sencillito en solamente en 200 páginas. ¿Para qué más si el papel es caro?

Me encuentro su libro en la librería El Sótano de Coyoacán. Me emociono, lo compro. Comienzo la lectura impaciente, inmediatamente anoto en los márgenes de la primera página del primer capítulo un «error», y sonrío irónicamente porque «atrapé» al autor. «Ya tengo qué comentar: un desliz en la física que maneja Fernando Vallejo, el mismísimo que escribió «La virgen de los sicarios»», pienso. Paso de página... un error más. Anoto nuevamente y sonrío, ya sin la ironía de antes, ahora más bien con sorpresa pues ya son dos errores. Cambio de hoja, un error más y hasta dos antes de cambiar de página nuevamente. Continúo las páginas, termino el capítulo: ¡todo es un error! Comienzo a desesperarme, sinceramente no entiendo donde se encuentra la trampa. Que una editorial reconocida publique este texto de un autor reconocido... ¿de qué se trata? Los errores, estoy seguro, son intencionados. Pido ayuda a Mario, que sabe más de literatura y de divulgación que yo. Tampoco intuye qué sucede. Sigo con el libro; tres horas de lectura sin entender. Sigue el error perpetuo, sigue mi asombro, mi desesperación. Me duele la maldita cabeza. ¡Dos cafiaspirinas o cualquier condenada pastilla que aquiete estos malestares que da la incomprensión!

Esa misma tarde termino medio libro; siguen las falacias. No pude dormir porque no entiendo. Medio despierto de un sueño a medias y sigo, y maldita sea, el libro sigue igual, y otra vez regresa el dolor de cabeza, y me auto-receto nuevamente dos cafiaspirinas más. Pero Vallejo sigue y sigue y no para, y se mete con Maxwell y con Einstein y con los cuánticos. ¿Qué sucede?

Me encuentro a mis compañeros del museo. Ven mi cara. «La resaca siempre pega duro, pero pega doble cuando al otro día tienes que trabajar», me dice uno de ellos. Ni siquiera tuve ganas de explicarle. Persisto estoico. Tengo tiempo, pero sobre todo paciencia infinita para leer las poco más de 200 páginas e intentar descubrir hacia dónde se dirige su provocación. Mantengo la esperanza de que exista ese milagro de encontrar una explicación aunque sea en la última página que me haga salvar las dos tardes de lectura dedicadas, los dolores de cabeza, la noche incómoda. Pero los milagros no existen, esa tarde lo confirmo. Nunca había tenido ganas de no saber leer. ¡Dos cafiaspirinas más, chingar! Espero que sean las últimas.

Termino el libro y el libro me termina a mí. Sé que Vallejo estaría feliz viéndome en este estado. «Mi obra hizo mella en un lector», pensaría satisfecho. Aunque yo especificaría: no, no hizo mella, sembró rencor. ¿Con quién debo desquitarme del dinero que gasté, de las dos tardes que perdí, de la noche sin dormir, de las 6 cafiaspirinas? Algún día tendré frente a mí al autor y sabrá de qué estamos hechos los Posada de la Concha. (No se rían, sólo eso me faltaba, así me apellido.)

Él sabe que todo lo que escribe está mal fundamentado. Debemos tener muy claro que no se trata de un simplón ingenuo que desconoce de ciencia. Sus pretensiones son diferentes, casi estoy seguro que simplemente quiere provocar, burlarse del lenguaje que se utiliza en la física, subirse al cuadrilátero colocándose la misma máscara del rudísimo Sokal, únicamente que al colombiano sus técnicas de lucha demasiado torpes lo delatan antes de la primera caída.

Vallejo realiza aseveraciones del siguiente tipo. Muestro sólo tres de los cientos de errores que tiene el texto (juro que no exagero):

«La Tercera Ley de Newton es falsa, puesto que si un dedo empuja un objeto (acción), la reacción no existe, ya que el dedo no se mueve para atrás.»

«...carga positiva y negativa (o polo norte y polo sur del imán)...»

«...la aceleración debe tener unidades m/s y no m/s2 porque como no entiendo...»

Y se expresa de la siguiente forma:

« - ¡Qué piedra más bellaca y cazurra ese Einstein! ¿o no, compadre?»

«No. Cada quien se las arregla como puede para que le vaya bien en la feria, él está en su derecho. Que enrede y enrede y enturbie y enturbie, que no faltarán pendejos para tragarse el cuento.»

Por si fuera poco lo que me ha sucedido esas dos tardes, también me dijo pendejo.

Nos dijo pendejos a mí y a mis compañeros que estudiamos física en la Facultad de Ciencias.

Nos dijo pendejos a mí, a mis compañeros y a mis profesores que nos dieron clases.

Nos dijo pendejos a mí, a mis compañeros, a mis profesores y a los miles de investigadores, lectores, demás estudiantes y personas en general de todo el mundo que han creído en las teorías de Einstein.

Eso ya calienta.

En ese momento se me habían mezclado el dolor de cabeza y una dosis de enojo. Pero sólo faltaban unas cuantas hojas por terminar. Bendito sea Dios.

Si la intención del innombrable (permítanme llamarlo así) al escribir este manual no fue la de provocar rencores, malestar, incomodidad, rechazo, reacciones violentas, blasfemias, etcétera, se me ocurren otras teorías poco probables sobre el porqué del desperdicio de papel:

-Simplemente, como lo mencioné arriba, quiso escribir una novela con la mayor cantidad de ficciones posibles. Ese es su trabajo.

-Quiso realizar un horrendo ejercicio de anti-divulgación de la ciencia porque no está de acuerdo con esta actividad. Quizás alguna divulgadora de la ciencia lo abandonó y se encuentra muy, pero muy resentido. Ojalá esta sea la verdadera causa.

-Está realizando un ejercicio en pro de los divulgadores de la ciencia: nos muestra un sinnúmero de casos donde los neófitos en la física suelen presentar problemas para su aprendizaje. Caso poco probable por la forma en que está escrito el texto.

-Es extraordinariamente valiente y no le da pena exhibir su ignorancia en física, como pudo haber escrito de cualquier otro tema que ignora, pero por puro azar escogió sobre esa parte de la ciencia. Tampoco le causa problema las críticas que de su texto puedan surgir. En pocas palabras, se avienta como los machos.

-Solamente quiso bromear. (Pues qué chistoso.)

-No tenía nada que hacer. (Que se consiga una tele.)

Por favor, no compren el libro. No le proporcionen más regalías a Vallejo por un texto muy mal logrado. Yo se los presto si en el transcurso del siguiente mes alguien me lo pide, y es que después lo pienso utilizar para mi bóiler. A ver si no me sale con la última «bromita» y el papel no arde como debe. ¡Maldita sea! Diré nuevamente.

José Manuel Posada de la Concha es físico y divulgador; trabaja en el área de Servicios Técnicos del museo Universum.

Comentarios: josemanuelposada@hotmail.com


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