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La ciencia por excelencia
Juan
José Rivaud M.
Presentamos
aquí, como invitación para consultar el texto completo,
un fragmento de un ensayo en el que Juanjo reflexionaba
sobre la divulgación de su gran pasión: las matemáticas.
La
Matemática es la más simple,
la más perfecta y la
más antigua de las ciencias
Jaques Hadamard
Una opinión compartida por muchas personas, entre ellas Luis
Estrada, es que las matemáticas no son una ciencia, y para
justificarla esgrimen una gran cantidad de buenas razones, desde
mi punto de vista todas falsas. Para mí las matemáticas
son la ciencia por excelencia, es la disciplina donde los experimentos,
cuando se les mira con suficiente cuidado, dicen más; pero
desgraciadamente son simples y baratos, y no requieren de caros
y aparatosos laboratorios, donde se puedan poner placas que digan
cuándo fueron construidos o equipados y quién
era el rector o mandatario que los autorizó e inauguró,
por lo que la experimentación es olvidada o no se toma en
cuenta (vale aclarar que en las últimas décadas a
los matemáticos les han empezado a atraer los sistemas de
cómputo de gran capacidad y velocidad, pero sobre todo precio,
que en general subutilizan, entrando así a la era de la «modernidad»).
Un buen ejemplo de experimento matemático es cuando analizamos
una ecuación particular para entender el caso general, o
cuando trazamos una figura para corroborar cierta propiedad, lo
que de paso nos dice que para estudiar esos «entes platónicos»
recurrimos a burdas representaciones. Una situación semejante
es el análisis de una ecuación particular para entender
que pasa en el caso general.
Lo anterior lo saco a relucir no para continuar con esta discusión,
sino para justificar que la divulgación de las matemáticas,
por lo menos desde mi punto de vista, es parte de la de la ciencia
y así poderme centrar en ella sin ningún cargo de
conciencia.
Comparado con otras disciplinas, lo reducido del trabajo de divulgación
en matemáticas es evidente. Ello no es debido a la petulancia
y arrogancia de los matemáticos o a la falta de interés
y capacidad para esta actividad de los mismos, cuyas actitudes son
similares a las de sus colegas de las otras áreas, sino a
las características específicas de las matemáticas.
Por ejemplo, en varias disciplinas (astronomía, biología,
geología, entre otras) la mera descripción de los
fenómenos o de los descubrimientos es lo suficientemente
interesante para capturar nuestra atención, independientemente
de que no se nos proporcione ninguna explicación; por ejemplo,
cuando se nos muestran fotografías de alguna galaxia y se
nos dice qué edad tiene y a qué distancia se encuentra,
o cuando vemos en un documental cómo se mimetizan distintos
animales. En matemáticas esto sucede raramente y, en general,
después de exclamar que algo nos resulta interesante nos
preguntamos por el porqué. Lo que muestra que en matemáticas
lo importante y necesario es entender (lo cual, a pesar de lo que
mucha gente afirma, no es nada fácil, pero es entretenido,
absorbente y gratificante). Como ilustración de lo dicho
pensemos en el hecho de que la suma de los primeros n números
impares es igual al cuadrado de n + 1; claro que nos llama la atención,
pero a continuación nos ponemos a tratar de encontrar la
razón de ello. Por supuesto, contar con explicaciones y entenderlas
también es fundamental en las otras disciplinas, pero en
la nuestra adquiere otra dimensión y ello tiene implicaciones
en su divulgación.
David Hilbert gustaba citar a un matemático francés
de quién decía había afirmado que «una
teoría matemática puede ser considerada perfecta sólo
si uno está preparado para presentar su contenido al primer
hombre en la calle». Lo que en otra forma dice que un conocimiento
matemático está maduro y bien entendido si lo podemos
divulgar. Y bien vale la pena añadir que para divulgar una
teoría o un conocimiento matemático es necesario que
éste esté maduro y que lo hayamos entendido profundamente.
Por supuesto, lo anterior no quiere decir que el divulgador esté
obligado a tener un pomposo grado académico o algo que se
le parezca; simplemente, que comprenda cabalmente lo que quiere
divulgar.
Continuando con los comentarios a la cita, tenemos que una de sus
consecuencias es que, desde un punto de vista estricto, sólo
en contados casos es posible divulgar los últimos resultados,
pues en general estos todavía necesitan de un cuidadoso examen,
pero esto sólo es una verdad a medias, pues en matemáticas
los métodos y las ideas son más relevantes que los
resultados (un ejemplo paradigmático de esta situación
es la solución de la conjetura de Fermat) y para discutirlos
y exponerlos el divulgador tiene la oportunidad de usar otras situaciones
y ejemplos, hecho fundamental que le abre un abanico de posibilidades
para mostrar su creatividad.
Desde otro ángulo, no podemos negar que el que haya que entender
las matemáticas limita sensiblemente el número de
interesados; la razón de ello es que desde nuestra más
tierna infancia se ha puesto el mayor cuidado posible para que no
pensemos, sino que memoricemos y se nos ha convencido de que pensar
es aburrido, además de inútil. Esta manera de ver
las cosas está tan profundamente arraigada en nosotros que
cuando se habla de mejorar la enseñanza de las matemáticas
lo que de manera recurrente se propone es «hacerlas divertidas»
y para ello se sugiere el uso de «juegos» los cuales
tienen efectos similares a los nembutales. Lo anterior se combina
con la idea de que todo tiene que redituarnos inmediatamente y de
no ser así, estamos perdiendo el tiempo y haciéndonos
guajes. Estas observaciones ponen de manifiesto la importancia que,
al divulgar las matemáticas, tiene no sólo mostrar
la fuerza de lo que significa entender, sino también la gran
satisfacción que produce.
Fragmento
del ensayo «Acerca de la divulgación de la ciencia:
el caso de las matemáticas», publicado en Luis Estrada
(coord.), La divulgación de la ciencia: ¿educación,
apostolado o..?, (Cuadernos de Divulgación para divulgadores)DGDC-UNAM,
2004.
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