Filosofía
de la ciencia ¿para qué?
Fernando
Pacheco
A
veces se piensa que ciencia y filosofía de la ciencia son
disciplinas de algún modo enfrentadas; los divulgadores,
hasta ahora, han preferido permanecer relativamente al margen
de la segunda. El autor, formado en ambas disciplinas, argumenta
que habría que buscar un acercamiento.
Existen
muchos motivos por los que los divulgadores nos deberíamos
interesar en la filosofía de la ciencia. El primero es
que nos permite tener un acercamiento a la ciencia desde un dominio
reflexivo, y plantearnos preguntas tales como ¿qué
es el conocimiento científico?, ¿existe un método
para la producción de este tipo de conocimiento?, ¿qué
son las teorías?, ¿cómo se construyen?, ¿cuál
es la dinámica del cambio teórico?, ¿cuál
es la relación entre la teoría y la observación?
En segundo lugar es necesaria la discusión filosófica
en la divulgación, ya que la alternativa a la filosofía
no es la ausencia de filosofía, sino la mala filosofía.
Como mencionan algunos autores al negarse a discutir la influencia
de la filosofía en nuestro campo, el resultado es que por
la puerta de atrás pasen una serie de supuestos filosóficos
implícitos que pueden ser no precisamente los mejores para
nuestro contexto y circunstancias. El problema filosófico
en el campo de la divulgación no se desvanecerá
en el aire sólo por negar su existencia.
En tercer lugar, y aunque parezca trivial decirlo, aquello que
divulgamos depende de lo que consideremos o no ciencia y lo que
comprende y significa o no el fenómeno, y ésta es
una discusión filosófica, con niveles de tratamiento
epistemológico y metodológico, pero también
ético y político. El papel de la filosofía
es la reflexión sobre los límites y posibilidades,
estructura y forma del propio campo divulgativo, de sus fines
y objetivos.
En cuarto lugar, la filosofía, la historia y la sociología
de la ciencia, que conforman el campo de los estudios sociales
de la ciencia, con su cúmulo de conceptos y su aparato
crítico, permiten el abordaje complejo de la ciencia. Admiten
entonces un tratamiento que va más allá del discurso
sobre los objetos, que trata exclusivamente sobre la naturaleza
de las cosas, únicamente de las leyes, los experimentos
o las teorías. Los estudios sociales de la ciencia nos
ofrecen una visión más próxima a la dinámica
científica, que poco o nada tiene que ver con los hechos
desnudos y atemporales que le niegan su papel al descubrimiento,
al sujeto y a la historia.
El conocimiento científico se construye en la historia,
en las relaciones con lo natural, con los otros científicos,
en los intercambios económicos y en toda una figura del
mundo, del hombre, de la sociedad, de las cosas y de la naturaleza.
Los estudios sociales de la ciencia promueven el conocimiento
de las diversas interacciones de la ciencia con el sujeto, con
las instituciones, con la sociedad, y en esos horizontes de articulación
existen múltiples oportunidades de divulgación.
El objetivo de la articulación entre la divulgación
y la filosofía de la ciencia es ampliar el significado
de la divulgación de la ciencia. Los estudios sociales
de la ciencia en general, y la filosofía en particular,
permiten el tratamiento y la construcción de nuevos
objetos de divulgación interdisciplinarios que abordan
problemas culturales socialmente relevantes. Problemas relacionados
con el desarrollo del conocimiento científico desde el
ámbito institucional y social. Permiten también
reconstruir el papel de la ciencia en los debates relacionados
con la tecnociencia, la crisis ambiental, la política científica,
la paz, el desarrollo, la guerra, la pobreza o los sistemas de
innovación, entre otros muchos aspectos.
Finalmente, la reflexión filosófica permite incluso
el desarrollo de propuestas en relación con los actores
de nuestro propio campo; por ejemplo, el desarrollo de comunidades
ampliadas de divulgadores de la ciencia que se manifiestan en
prácticas como el extensionismo agropecuario, los programas
de salud o de prevención del riesgo, las asociaciones de
consumidores, etcétera.
Es importante incorporar el conocimiento filosófico para
ampliar el concepto de divulgación, de forma que refleje
una concepción progresista y crítica de la comunicación
de la ciencia. El introducirse en estos conocimientos no significa
dejar de hacer «divulgación de la ciencia».
No; lo que significa es ampliar nuestro horizonte discursivo,
porque estos elementos son parte del propio ámbito científico.
Una divulgación que recupere los aportes de los estudios
culturales de la ciencia, de la filosofía, la sociología
y la historia de la ciencia, será sin duda más enriquecedora.
Miguel
Fernando Pacheco Muñoz es maestro en educación ambiental
por la Universidad de Guadalajara, y actualmente está terminando
la Maestría en Filosofía de la Ciencia en la UNAM.
Es miembro titular de la SOMEDICYT y de la Academia Mexicana de
Educación Ambiental.
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