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Mayo - Junio 2005
[ Mi visión ]

Filosofía de la ciencia ¿para qué?

Fernando Pacheco

A veces se piensa que ciencia y filosofía de la ciencia son disciplinas de algún modo enfrentadas; los divulgadores, hasta ahora, han preferido permanecer relativamente al margen de la segunda. El autor, formado en ambas disciplinas, argumenta que habría que buscar un acercamiento.

Existen muchos motivos por los que los divulgadores nos deberíamos interesar en la filosofía de la ciencia. El primero es que nos permite tener un acercamiento a la ciencia desde un dominio reflexivo, y plantearnos preguntas tales como ¿qué es el conocimiento científico?, ¿existe un método para la producción de este tipo de conocimiento?, ¿qué son las teorías?, ¿cómo se construyen?, ¿cuál es la dinámica del cambio teórico?, ¿cuál es la relación entre la teoría y la observación?

En segundo lugar es necesaria la discusión filosófica en la divulgación, ya que la alternativa a la filosofía no es la ausencia de filosofía, sino la mala filosofía. Como mencionan algunos autores al negarse a discutir la influencia de la filosofía en nuestro campo, el resultado es que por la puerta de atrás pasen una serie de supuestos filosóficos implícitos que pueden ser no precisamente los mejores para nuestro contexto y circunstancias. El problema filosófico en el campo de la divulgación no se desvanecerá en el aire sólo por negar su existencia.

En tercer lugar, y aunque parezca trivial decirlo, aquello que divulgamos depende de lo que consideremos o no ciencia y lo que comprende y significa o no el fenómeno, y ésta es una discusión filosófica, con niveles de tratamiento epistemológico y metodológico, pero también ético y político. El papel de la filosofía es la reflexión sobre los límites y posibilidades, estructura y forma del propio campo divulgativo, de sus fines y objetivos.

En cuarto lugar, la filosofía, la historia y la sociología de la ciencia, que conforman el campo de los estudios sociales de la ciencia, con su cúmulo de conceptos y su aparato crítico, permiten el abordaje complejo de la ciencia. Admiten entonces un tratamiento que va más allá del discurso sobre los objetos, que trata exclusivamente sobre la naturaleza de las cosas, únicamente de las leyes, los experimentos o las teorías. Los estudios sociales de la ciencia nos ofrecen una visión más próxima a la dinámica científica, que poco o nada tiene que ver con los hechos desnudos y atemporales que le niegan su papel al descubrimiento, al sujeto y a la historia.

El conocimiento científico se construye en la historia, en las relaciones con lo natural, con los otros científicos, en los intercambios económicos y en toda una figura del mundo, del hombre, de la sociedad, de las cosas y de la naturaleza. Los estudios sociales de la ciencia promueven el conocimiento de las diversas interacciones de la ciencia con el sujeto, con las instituciones, con la sociedad, y en esos horizontes de articulación existen múltiples oportunidades de divulgación.

El objetivo de la articulación entre la divulgación y la filosofía de la ciencia es ampliar el significado de la divulgación de la ciencia. Los estudios sociales de la ciencia en general, y la filosofía en particular, permiten el tratamiento y la construcción de nuevos objetos de divulgación interdisciplinarios que abordan problemas culturales socialmente relevantes. Problemas relacionados con el desarrollo del conocimiento científico desde el ámbito institucional y social. Permiten también reconstruir el papel de la ciencia en los debates relacionados con la tecnociencia, la crisis ambiental, la política científica, la paz, el desarrollo, la guerra, la pobreza o los sistemas de innovación, entre otros muchos aspectos.

Finalmente, la reflexión filosófica permite incluso el desarrollo de propuestas en relación con los actores de nuestro propio campo; por ejemplo, el desarrollo de comunidades ampliadas de divulgadores de la ciencia que se manifiestan en prácticas como el extensionismo agropecuario, los programas de salud o de prevención del riesgo, las asociaciones de consumidores, etcétera.

Es importante incorporar el conocimiento filosófico para ampliar el concepto de divulgación, de forma que refleje una concepción progresista y crítica de la comunicación de la ciencia. El introducirse en estos conocimientos no significa dejar de hacer «divulgación de la ciencia». No; lo que significa es ampliar nuestro horizonte discursivo, porque estos elementos son parte del propio ámbito científico. Una divulgación que recupere los aportes de los estudios culturales de la ciencia, de la filosofía, la sociología y la historia de la ciencia, será sin duda más enriquecedora.

Miguel Fernando Pacheco Muñoz es maestro en educación ambiental por la Universidad de Guadalajara, y actualmente está terminando la Maestría en Filosofía de la Ciencia en la UNAM. Es miembro titular de la SOMEDICYT y de la Academia Mexicana de Educación Ambiental.

Comentarios: fpacheco@starmedia.com

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