Cuidar
las almas de los niños
Por
José de la Herrán
José de la Herrán es uno de los divulgadores
de la ciencia, y en especial
de la técnica, con más tradición en nuestro
país. Presentamos el texto que
leyó durante la ceremonia en que recibió el Premio
Nacional de Divulgación de la Ciencia y la Técnica
2003.
Distinguidas
personalidades del presidium; estimados amigos que me acompañan
en esta ceremonia:
Mi primera conferencia de divulgación técnica la
dicté por invitación de la Asociación de
Ingenieros y Arquitectos de México, que estaba en puente
de Alvarado y cuyo presidente en aquel entonces era el ingeniero
don Alberto J. Flores. La presentación se llamó
«Sistemas modernos de televisión con demostraciones
objetivas». Para ello, presenté dos cámaras
de televisión que había diseñado y construido
en el laboratorio de la XEW, con el objeto de preparar
a los operadores de la estación, quienes después
serían los técnicos del canal 2. La demostración
tuvo lugar en junio de 1949, hace 54 años.
La causa de mi interés en la divulgación técnica
era motivada por mi trabajo en la industria. En el caso de la
televisión, como lo había sido antes en la radio
y lo fuera después en la fabricación de aceros especiales,
no contábamos con mexicanos preparados prácticamente
en estas nuevas tecnologías que resultaban, y lo han sido,
de gran importancia en el desarrollo del país.
Fue motivo de gran alegría el enterarme en 1969 que por
fin había surgido en México una publicación
dedicada a la divulgación científica; me refiero
a la revista Física (posteriormente Naturaleza),
que publicaran un grupo de convencidos de su necesidad y dirigidos
por Luis Estrada, pionero de los divulgadores de ese género.
Entre ellos estaba también Jorge Flores. En dicha revista
publiqué mi primer artículo de divulgación,
en que hablaba del sistema de propulsión en el primer viaje
a la luna.
Otro gran esfuerzo, también individual, fue el de Guillermo
Fernández de la Garza, con su revista Chispa,
dirigida a los niños y niñas, seres abandonados
en cuestión de publicaciones. Un esfuerzo que estoy seguro
ha dejado una importante huella, como dejó la revista Física,
en los anales mexicanos de la divulgación.
Posteriormente surgen las revistas Ciencia y desarrollo e
Información científica y tecnológica,
del CONACYT, de las cuales esta última, dedicada
a los jóvenes, por desgracia también ha desaparecido.
Afortunadamente, pronto hará 20 años que iniciamos
la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia
y la Técnica, SOMEDICYT, con el propósito
de divulgar los conceptos y hallazgos de la ciencia y la técnica
entre nuestra población joven. Sabemos por experiencia
que, conociendo desde temprana edad estos hallazgos, los niños,
niñas y jóvenes comienzan a imaginar y soñar
aplicaciones para disfrutar y lograr una mejor calidad de vida
en nuestro querido país.
Para la conformación de SOMEDICYT no puedo dejar
de mencionar por nombre a sus fundadores: Cristine Allen, Antonio
Bolívar, Jorge Bustamante, Ignacio Castro, un servidor,
Luis Estrada, Ma. del Carmen Farías, Guillermo Fernández
de la Garza, Jorge Flores, Mauricio Fortes, Horacio García,
Sergio González de la Mora (†),
Alejandra Jaidar (†),
Francisco Rebolledo, José Sarukhán, Roberto Sayavedra,
Juan Tonda, Juan Manuel Valero y Guadalupe Zamarrón.
La SOMEDICYT se propuso principalmente:
-Estimular las actividades de divulgación
-Proporcionar encuentros de divulgadores,
-Crear estímulos para ellos,
-Promover la construcción de museos y centros de ciencias,
e impulsar la publicación de revistas de divulgación.
Si consideramos el último punto, Universum y los
museos y centros que le han seguido son una muestra de buenos
resultados obtenidos, así como la creación de la
excelente revista ¿Cómo ves?, editada por
la Subdirección de Medios de la DGDC y escrita
por jóvenes y para jóvenes.
De los socios fundadores de SOMEDICYT, se nos han ido
ya Sergio González de la Mora y Alejandra Jaidar. Por haber
sido Alejandra la primera en dejarnos, el premio que ahora me
honro en recibir y que agradezco de todo corazón, lleva
su nombre y está dedicado a su memoria.
Por último, un pensamiento:
Desde los tiempos más lejanos, nosotros, los seres humanos,
hemos pensado estar formados de materia y de espíritu,
de cuerpo y alma. Los antiguos filósofos, sacerdotes y
maestros así lo consideraban, y dedicaban gran parte de
su tiempo a cultivar en sus pupilos, en forma equilibrada, las
cualidades de sus cuerpos con las de sus almas, enfocando estas
últimas hacia los conceptos de bondad, de belleza y de
amor, conceptos que ya vienen integrados en ellas. Y no hemos
olvidado aquí esa realidad; nos dirigimos a ella como nuestra
alma mater...
En el presente, pienso que hemos perdido ese sano equilibrio;
que estamos dedicando mucho más tiempo y esfuerzo hacia
lo material y que hemos descuidado y hasta veces pervertido el
cuidado del espíritu de nuestros niños.
El alma del niño al nacer es pura; trae consigo perfectamente
claros los conceptos que ya mencioné, de bondad, de belleza,
y de amor... Es tan fácil verlos reflejados en la sonrisa
de un bebé...
Me espanta cuando se les presentan, en desequilibrada proporción,
animaciones con imágenes monstruosas y grotescas, actos
de violencia y de muerte, escenas de odio, de envidia, de falsedad...
Cuidemos esos espíritus que nacieron puros, esas almas
adornadas por la bondad, la belleza y el amor... Cuidemos esos
valores que, repito, todos hemos visto, tantas y tantas veces,
reflejados en la sonrisa de un bebé...
Muchas gracias.
José de la Herrán es ingeniero por la UNAM y
divulgador de la ciencia y la
técnica. Trabaja en la DGDC. En la página 4 de este
número se presenta una semblanza de su vida.
Comentarios: delaruiz@servidor.unam.mx
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