La
imposible actualidad de la divulgación científica
Martín
Bonfil Olivera
Una de las obligaciones del divulgador científico es
estar actualizado. Sin embargo, hoy que la ciencia adelanta
que es una barbaridad, tal pretensión se torna punto
menos que imposible. Incluso cuando los divulgadores logramos
estar al día en cuanto a los avances más recientes,
un artículo publicado en una revista, periódico
o (peor aún) libro quedan rebasados en cuestión
de días, cuando se publica en los journals especializados
el último detalle sobre el tema.
Quizás el problema es que estamos errando el objetivo.
Tal vez no se trata de estar actualizado a ultranza: no tendría
sentido, por ejemplo, publicar actualizaciones semanales sobre
un mismo tema sólo para poder presumir de que nuestra
información siempre está al día (si ese
fuera el objetivo, el medio más adecuado para hacerlo
sería una página en la interred, renovada constantemente).
Generalmente lo que busca la divulgación científica
es dar un panorama general; explicar los principios básicos.
Abundan los ejemplos de textos que logran esto, y por ello siguen
siendo útiles aún cuando hayan perdido algo de
su actualidad original.
Eso sí: cuando ocurre un nuevo descubrimiento que es
verdaderamente revolucionario un auténtico cambio
de paradigma habrá que publicar un nuevo artículo
o una nueva edición del libro, donde el autor dirá:
«lo que dije antes ha dejado de ser válido: hoy
sabemos que las cosas son así y asado. Pero fuera
de estos casos excepcionales, es raro que la mera falta de actualidad
sea motivo suficiente para rechazar o desechar un buen texto
de divulgación.
Para el periodismo científico, en cambio, el argumento
anterior no resulta muy convincente: para el periodista, la
actualidad en un valor esencial. Pero aún así,
cuando un tema está caliente y avanza a paso
rápido, hay que pensárselo dos veces antes de
publicar durante tres semanas seguidas desmentidos y «nuevos
descubrimientos» sobre un mismo tema. El riesgo es cansar,
confundir y desilusionar al público (¿es
que estos científicos no pueden ponerse de acuerdo, no
pueden decidirse de una vez por todas?, podría
preguntarse el lector).
Así como el divulgador no puede tener el mismo nivel
de precisión que un investigador científico, tampoco
tiene caso que pretenda estar siempre absolutamente actualizado
(aunque sí razonablemente al día). Antes que eso,
debe aspirar a que su mensaje sitúe al lector, le aclare
el panorama y despierte su interés. No se necesita mucho
más.
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mbonfil@servidor.unam.mx
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