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Noviembre - Enero 2003
[Mi visión]

¿Y el humor en la divulgación?

Héctor Reyes Bonilla

Muchos divulgadores decimos que es importante usar el humor, aunque no siempre lo hacemos. He aquí un punto de vista al respecto.

Los mexicanos somos personas con el humor a flor de piel. Si no fuera así, ¿cómo habríamos soportado las múltiples malas administraciones que han pasado por el país desde los tiempos de Moctezuma? El humor (especialmente el humor negro) aparece por todas partes dentro de la cultura popular, y muchos de nuestros mejores literatos lo han explotado maravillosamente. Para ejemplos basten obras como el “Prometeo sifilítico”, de don Renato Leduc, o más recientemente algunos de los cuentos de José Agustín, Eusebio Ruvalcaba y Jorge Volpi.

El humor no sólo ha sido usado como herramienta de comunicación en el campo de la literatura. En textos de divulgación científica es un placer encontrarse con las frases irreverentes de Ruy Pérez Tamayo o de Marcelino Cereijido, que hacen amena la lectura aún tratándose de temas escabrosos como la muerte o el Sistema Nacional de Investigadores. Sin embargo, cuando uno se asoma a las publicaciones periódicas o revistas nacionales donde se habla de ciencia, este elemento brilla por su ausencia. ¿Por qué? Me permitiré desarrollar algunas ideas al respecto.

Podemos empezar por preguntar si vale la pena explotar con mayor frecuencia esta veta en la divulgación científica. Respondo con un enfático ¡claro! Los escritores saben que cuando se tocan temas “serios” es necesario hacer pausas en el texto, digamos que para que el lector no se “clave” y se asuste de más. Independientemente de estilos artísticos, otra buena razón para usar el humor en la divulgación es que esa es una de las debilidades de nuestro público; a la raza le encanta el cotorreo, y una dosis adecuada puede abrirnos la mente de los lectores con notable facilidad. Finalmente, no creo equivocarme al decir que una buena proporción de los practicantes de la ciencia y de la divulgación en México somos finísimas personas, reconocidas en sociedad por contar con una vena humorística o sarcástica de primer nivel. Así, insertar bromas o frases ligeras en nuestros escritos puede ser tomado hasta como un ejercicio personal de libertad de expresión.

Si todas estas maravillas son ciertas, entonces ¿por qué los editores de publicaciones de divulgación no comulgan con la idea? Mi opinión es que en parte evitan la introducción de frases festivas en los escritos por necesidades prácticas. El espacio físico con el que cuenta una publicación impresa es limitado, y por ende cada palabra cuenta. Así, si hay que sacrificar una parte del texto en la edición, pues habrá que cortar por la menos relevante. De acuerdo.

Sin embargo, me parece que a veces la tijera no se aplica por consideraciones logísticas, sino que surge de la imagen demasiado formal que los editores tienen respecto a sus propias publicaciones. Cierto que no hay que devaluar al gremio ni quitarle importancia a un tema científico que lo merezca, pero es igualmente criticable llegar al otro extremo y caer en una mal entendida “solemnidad”. Como dijera Fernando Savater, no hay que confundir la seriedad con la sabiduría, porque la inteligencia debe saber reír (y agrego: si no, ¿qué sentido tiene ser inteligente?).

Afortunadamente siempre hay excepciones, en este caso, El muégano divulgador. Es difícil saber de dónde proviene tal lucidez editorial, pero quizá se debe a que aparentemente el staff de escritores cuenta con un porcentaje significativo de personal “lacra”, dignos avatares de los periodistas de las épocas doradas, cuando había que cachar las mejores noticias en las piqueras y cantinas. Luego de esta sesuda argumentación filosófica, no queda más que invitar a la comunidad científica y a aquellos encargados de la divulgación en el país a que hagamos lo posible por buscar las mejores formas para comunicarnos con nuestro público, y que si para ello tenemos que hacernos expertos humoristas, pues que así sea. ¡Libertad para el relajo en la divulgación! He dicho.

Héctor Reyes es fanático de la literatura y las caricaturas. Además estudia un doctorado en la Universidad de Miami e investiga temas de biogeografía y ecología de arrecifes de coral.

Comentarios: bludemos@hotmail.com

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