¿Y
el humor en la divulgación?
Héctor
Reyes Bonilla
Muchos divulgadores decimos que es importante usar el humor,
aunque no siempre lo hacemos. He aquí un punto de vista
al respecto.
Los mexicanos somos personas con el humor a flor de piel. Si
no fuera así, ¿cómo habríamos soportado
las múltiples malas administraciones que han pasado por
el país desde los tiempos de Moctezuma? El humor (especialmente
el humor negro) aparece por todas partes dentro de la cultura
popular, y muchos de nuestros mejores literatos lo han explotado
maravillosamente. Para ejemplos basten obras como el Prometeo
sifilítico, de don Renato Leduc, o más recientemente
algunos de los cuentos de José Agustín, Eusebio
Ruvalcaba y Jorge Volpi.
El humor no sólo ha sido usado como herramienta de comunicación
en el campo de la literatura. En textos de divulgación
científica es un placer encontrarse con las frases irreverentes
de Ruy Pérez Tamayo o de Marcelino Cereijido, que hacen
amena la lectura aún tratándose de temas escabrosos
como la muerte o el Sistema Nacional de Investigadores. Sin
embargo, cuando uno se asoma a las publicaciones periódicas
o revistas nacionales donde se habla de ciencia, este elemento
brilla por su ausencia. ¿Por qué? Me permitiré
desarrollar algunas ideas al respecto.
Podemos empezar por preguntar si vale la pena explotar con mayor
frecuencia esta veta en la divulgación científica.
Respondo con un enfático ¡claro! Los escritores
saben que cuando se tocan temas serios es necesario
hacer pausas en el texto, digamos que para que el lector no
se clave y se asuste de más. Independientemente
de estilos artísticos, otra buena razón para usar
el humor en la divulgación es que esa es una de las debilidades
de nuestro público; a la raza le encanta el cotorreo,
y una dosis adecuada puede abrirnos la mente de los lectores
con notable facilidad. Finalmente, no creo equivocarme al decir
que una buena proporción de los practicantes de la ciencia
y de la divulgación en México somos finísimas
personas, reconocidas en sociedad por contar con una vena humorística
o sarcástica de primer nivel. Así, insertar bromas
o frases ligeras en nuestros escritos puede ser tomado hasta
como un ejercicio personal de libertad de expresión.
Si todas estas maravillas son ciertas, entonces ¿por
qué los editores de publicaciones de divulgación
no comulgan con la idea? Mi opinión es que en parte evitan
la introducción de frases festivas en los escritos por
necesidades prácticas. El espacio físico con el
que cuenta una publicación impresa es limitado, y por
ende cada palabra cuenta. Así, si hay que sacrificar
una parte del texto en la edición, pues habrá
que cortar por la menos relevante. De acuerdo.
Sin embargo, me parece que a veces la tijera no se aplica por
consideraciones logísticas, sino que surge de la imagen
demasiado formal que los editores tienen respecto a sus propias
publicaciones. Cierto que no hay que devaluar al gremio ni quitarle
importancia a un tema científico que lo merezca, pero
es igualmente criticable llegar al otro extremo y caer en una
mal entendida solemnidad. Como dijera Fernando Savater,
no hay que confundir la seriedad con la sabiduría, porque
la inteligencia debe saber reír (y agrego: si no, ¿qué
sentido tiene ser inteligente?).
Afortunadamente siempre hay excepciones, en este caso, El muégano
divulgador. Es difícil saber de dónde proviene
tal lucidez editorial, pero quizá se debe a que aparentemente
el staff de escritores cuenta con un porcentaje significativo
de personal lacra, dignos avatares de los periodistas
de las épocas doradas, cuando había que cachar
las mejores noticias en las piqueras y cantinas. Luego de esta
sesuda argumentación filosófica, no queda más
que invitar a la comunidad científica y a aquellos encargados
de la divulgación en el país a que hagamos lo
posible por buscar las mejores formas para comunicarnos con
nuestro público, y que si para ello tenemos que hacernos
expertos humoristas, pues que así sea. ¡Libertad
para el relajo en la divulgación! He dicho.
Héctor Reyes es fanático de la literatura y
las caricaturas. Además estudia un doctorado en la Universidad
de Miami e investiga temas de biogeografía y ecología
de arrecifes de coral.
Comentarios:
bludemos@hotmail.com
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