Carta
abierta por un compromiso
Antonio
Heredia Bayona y Pedro Gómez Romero
En este texto, tomado del suplemento El futuro del diario español
El país (8 de mayo de 2002), presenta un punto de vista
decidido sobre la importancia de comunicar la ciencia al público,
discurso que a pesar de repetirse insistentemente, aún
no parece haber penetrado en las molleras de nuestros funcionarios
y políticos. Valga este nuevo intento como muestra de ánimo
renovado.
Como científicos nos cuesta reconocerlo, pero la ciencia
nunca ha estado abierta al público. Que el avance científico
se haya gestado a menudo de espaldas a las modas imperantes y
con independencia frente a las instituciones gobernantes ha resultado
positivo, visto con perspectiva de siglos. Que el desarrollo tecnológico
se haya podido desentender en algunas ocasiones de las demandas
de los poderosos y los mercaderes tampoco ha sido malo. Pero que
la comunicación de los avances científicos y los
desarrollos tecnológicos se haya limitado a un diálogo
inter pares ya va siendo más cuestionable. La comunicación
científica especializada es necesaria e insustituible para
el desarrollo de la ciencia, pero en los tiempos que corren se
está quedando insuficiente.
Nuestras vidas como individuos nunca han estado tan vertiginosamente
ligadas al desarrollo de las tecnologías que alimentan
nuestro crecimiento colectivo. En nuestra sociedad industrializada
es difícil encontrar algún aspecto de la vida cotidiana
que no se vea influenciado por tecnologías enraizadas en
la ciencia desarrollada durante los últimos cien años.
Y esa influencia, que seguirá creciendo, abarca desde detalles
minúsculos de nuestra vida privada hasta fenómenos
de escala global. Por ello es imprescindible que los ciudadanos
de hoy y del futuro sean conscientes del poder (y también
de las limitaciones) de la ciencia, de las caras y las cruces
de una sociedad tecnológicamente avanzada. De ahí
la necesidad de desarrollar vías para la comunicación
social de la ciencia, una actividad felizmente desarrollada por
un número creciente de periodistas a la que los científicos
no deberíamos ser ajenos.
Esta emergente relación entre ciencia y sociedad hace necesaria
la definición de un nuevo ethos, de un modo de acción
y participación del científico que consideramos
podrían sustentarse en los siguientes puntos.
1. El profesional de la ciencia, y la sociedad de la que procede,
deben asumir, de una vez por todas, que la ciencia es una actividad
creadora de primera magnitud; una actividad que se basa en una
actitud: el mundo que nos rodea es inteligible y en un método,
que ha perdurado por encima de corrientes ideológicas,
de revoluciones industriales y sociales y de tendencias y modas
artísticas y que, entre otras cosas, nos recuerda que no
hay ninguna verdad absolutamente establecida.
2. El científico, en la mayoría de los casos sujeto
público, debe rendir cuentas a la sociedad, devolverle
lo mejor que ha obtenido de ella. Una forma de hacerlo sería
a través de la divulgación y comunicación
de los resultados de su trabajo en estrecha colaboración
con otros profesionales. Aunque sea utópico, sería
bueno recordar las palabras del libro de la Sabiduría (7,
13): «Sin engaño la aprendí y sin envidia
la comunico y a nadie escondo sus riquezas».
3. La investigación científica tiene, hoy más
que nunca, una incidencia inmediata en el mundo y sobre los seres
que lo pueblan. Es por ello que el científico e investigador
debe ser absolutamente responsable de sus investigaciones y de
las posibles consecuencias de las mismas.
La ciencia es poder. Según los sociólogos de la
ciencia actuales, la ciencia moderna está mayoritariamente
aliada con el poder. Probablemente siempre lo estuvo. San Alberto
Magno, el patrón de las ciencias en nuestras facultades,
ya advertía al alquimista de no depender de los príncipes
y poderosos. La situación apenas ha cambiado hoy día.
4. El científico, en cuanto sujeto público independiente,
debe participar activamente en la política de la sociedad
de la que forma parte ejerciendo públicamente una crítica
intelectual sobre aquellos temas que afectan a la sociedad y que
tienen que ver con su disciplina científica.
Obviamente, nos gustaría que estas breves reflexiones pudieran
contribuir a normalizar una relación entre ciencia y sociedad,
que en nuestro país ha sido tradicionalmente deficitaria.
Y como primer paso, esta declaración de intenciones quiere
servir de punto de partida para poner en contacto a una nueva
generación de científicos activamente conscientes
del necesario compromiso del científico con la sociedad.
Desde aquí invitamos a quienes se sientan identificados
con ese nuevo ethos a unirse a nosotros en esta tarea.
Es una tarea tan dura y difícil como la que tienen, dentro
de este complejo mundo, los profesionales de la información
y los políticos de buena fe. Para animarnos a encontrar
el camino adecuado podemos recordar las palabras finales de Spinoza
en su Ética: «Todo lo que es hermoso es tan difícil
como raro».
Antonio Heredia Bayona trabaja en la Universidad de Málaga,
España, y Pedro Gómez Romero en el consejo superior
de Investigaciones Científicas de España (CSIC).
Comentarios:
heredia@uma.es
y
pedro@icmab.es
Más información en: www.cienciateca.com/ctspopsci.htm
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