Miguel
Ángel Herrera: Científico humanista o humanista
científico
María
del Carmen Farías
Me duelen las palabras. Para ninguno de nosotros es fácil
hablar de alguien tan querido como Miguel Ángel Herrera
y evocarlo... ¡si apenas hace unos días hablábamos
con él! Pero estamos aquí para eso, para recordarlo
y compartir los días, los años, las anécdotas,
el tiempo y la satisfacción de habernos brindado su amistad.
Fue en el antiguo edificio del Fondo de Cultura Económica,
en avenida Universidad, en mayo de 1985, cuando llegaron dos jóvenes
astrónomos a firmar su contrato de edición de la
obra La familia del sol, para la colección "La
ciencia desde México". Ellos eran Julieta Fierro y
Miguel Ángel Herrera, quienes el 18 de octubre de l984
habían presentado su propuesta, introducida por una carta
que empezaba así:
Querida Alejandra [se referían a nuestra querida Alejandra
Jaidar, fundadora de la colección]:
Estamos interesados en escribir un libro para la serie que estás
coordinando en el Fondo de Cultura Económica. Nos gustaría
saber si podemos ilustrar el libro. Dándote las gracias
por habernos invitado...
Y a continuación se leía el índice.
Este contrato lo firmaron por 200 mil ejemplares. Ya desde entonces
soñábamos con largos tirajes, y no sin razón:
La familia del sol, número 62 de la colección
ahora llamada "La ciencia para todos", apareció
en 1988, y ha vendido a la fecha más de 64 mil ejemplares.
En la más reciente edición del concurso nacional
"Leamos 'La ciencia para todos'", 437 jóvenes
escogieron este título para participar.
Pero no por tener ya publicado su libro dejábamos de ver
a Miguel Ángel. Y no lo dejábamos de ver porque
el siempre nos tenía presentes, como tenía presentes
a todos sus amigos, dispuesto a ayudar cada vez que se le solicitaba.
Y luego vino la pesadilla: su siguiente obra, Biofísica,
geofísica, astrofísica: para qué sirve la
física, en la colección "Ediciones Científicas
Universitarias". ...Y digo pesadilla porque así me
lo pareció cuando recibí su original; pensé
sería imposible poder descifrar ese manuscrito. Y vinieron
también las largas -y cuanto más largas más
amenas- sesiones editoriales con él: primero para que la
diseñadora Guadalupe Villa desentrañara sus más
de cien dibujos, trazos o garabatos a lápiz de las ilustraciones
que acompañan la obra; luego para corregir con José
Luis Acosta los cientos de fórmulas, también trazadas
a lápiz en su manuscrito, y después la minuciosa
corrección.
Todo esto amenizado con el mejor café de México
-que prepara Axel Retif en el cuarto piso del Fondo-, comida china
y destilando cultura como al acaso, como si se tratara de simples
anécdotas que Miguel Ángel nos compartía.
Porque nunca se pudo saber qué era Miguel Ángel:
si un científico humanista o un humanista científico.
Y la música, por supuesto la música: las últimas
correcciones de Biofísica, geofísica, astrofísica
fueron hechas al ritmo del cuarto concierto para piano de Beethoven,
interpretado por Claudio Arrau, así que las erratas que
se le hayan deslizado podemos achacarlas al rondó (vivace)
del músico de Bonn.
Otro rasgo de Miguel Ángel que no podía escapar
a cuantos lo conocimos, o, mejor dicho, del cual no podíamos
escapar cuantos lo conocimos, era su agudeza: una aguda mordacidad
a flor de lengua para tratar de ocultar su ternura a flor de piel.
María del Carmen Farías Román es actriz,
subgerente de proyectos especiales del Fondo de Cultura Económica
y coordinadora de la colección "La ciencia para todos".
Comentarios:
cfarias@fce.com.mx
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