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Junio-julio 2002
[ Martín Bonfil ]

Miguel Ángel Herrera: La música de las esferas

Martín Bonfil Olivera

Conocí a Miguel Ángel en Puebla, en una de sus excelentes conferencias de astronomía, en el congreso anual de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICYT). En esa ocasión se trataba de la posibilidad de vida microbiana en Marte. Recientemente se había descubierto la roca marciana que contenía lo que parecían ser microfósiles de bacterias. Miguel Ángel explicó a los divulgadores y estudiantes reunidos en el congreso, con gran claridad y con su característica gracia (era un gran conversador), la importancia de los estudios sobre el vecino planeta, el significado de los supuestos microfósiles y las posibilidades (relativamente escasas) de que efectivamente se tratara de pruebas de la existencia de antiguas bacterias marcianas.

Una de las características que definían su carácter --junto con su humor jovial y su inteligencia-- era la capacidad que tenía para explicar los temas científicos con claridad y rigor. Cuando alguna vez trabajé en un periódico y tuve que entrevistarlo a raíz del descubrimiento de antiguas huellas de agua líquida en la superficie de Marte, la explicación que me dio y su opinión profesional como astrónomo resultaron quizá más interesantes que las de la propia NASA, que circulaban en todos los medios de comunicación.

Sus gustos musicales eran un tanto exquisitos. Varias veces hizo comentarios que revelaban su falta de aprecio por la música moderna ("eso no es música"), especialmente por las variedades más ruidosas que están de moda actualmente. Pero estoy seguro de que en el fondo albergaba un gusto por el buen rock (o lo hubiera podido desarrollar, si no lo tenía).

Uno de mis primeros contactos directos con él fue a través de una discusión por correo electrónico. Eran los amargos tiempos de la huelga, una época de depresión y nubes negras. Circuló en la comunidad universitaria un mensaje en el que se despotricaba contra los huelguistas, calificándolos de vándalos ignorantes cuyo único objetivo era la destrucción de la UNAM. Eran todavía los primeras semanas , y aunque después los huelguistas se hicieron plenamente merecedores de estos adjetivos y más, en ese momento todavía parecía que el movimiento podría valer la pena como una defensa de la educación pública gratuita. Yo contesté al mensaje apoyando hasta cierto punto al movimiento, y recibí una respuesta tajante de Miguel Ángel: no podía defenderse el comportamiento de esa plebe. En ese momento temí que se tratara de una persona intolerante.

Pero más tarde, cuando Miguel Ángel ingresó a la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, descubrí que, aunque su ideología estaba un poco menos a la izquierda que la mía, se trataba de un académico tolerante e inteligente. Además, resultó ser un excelente jefe (de los que "dejan trabajar", que según la opinión de un mi primo son la mejor clase de jefes). También tenía una capacidad verdaderamente sorprendente para alburear, aunque nunca llegaba a faltar al respeto: más de uno salíamos de su oficina riendo a carcajadas, si éramos hombres (las mujeres, como corresponde a su papel, siempre fingían no haber entendido, aunque a veces les costaba mantener la cara seria).

Quizá una de las facetas que más llegué a admirar en Miguel Ángel era su compromiso con la defensa de la ciencia ante los embates de la seudociencia y la charlatanería. Sus debates por televisión con Jaime Mausán, en los que siempre defendió hábilmente el punto de vista escéptico, hicieron época. Desgraciadamente, se trataba de un negocio imposible de ganar. Como dice el famoso mago escéptico James Randi, los creyentes en extratarrestres y ese tipo de cosas son "como patitos de hule: imposibles de hundir". En alguna ocasión, según me cuentan, Mausán presentó un pedazo de metal, arguyendo que se trataba de un fragmento de una nave extraterrestre, hecha de un material "desconocido en la tierra". Miguel Ángel, desde luego, se ofreció a mandar analizar el metal, pues no existen los materiales desconocidos. La triste sorpresa fue que, cuando recurrió a los laboratorios de nuestra universidad para obtener el análisis, nadie quiso arriesgarse, y Miguel Ángel tuvo que regresar con la cola entre las piernas, mientras que Mausán se jactaba "¿Ven? Se los dije: descubrieron que efectivamente es de origen extraterrestre, sólo que no lo quieren aceptar".

Miguel Ángel Herrera será extrañado por la comunidad de la DGDC, los divulgadores científicos, los astrónomos y por todos lo que trabajamos con él y llegamos a estimarlo y quererlo. Yo lo recordaré como alguien que escuchaba la música de las esferas, compartir la belleza que veía en los cielos y la que hallaba en las armonías terrenales.

Martín Bonfil Olivera, editor de El muégano divulgador, es químico farmacobiólogo y divulgador científico en la DGDC-UNAM

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

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