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Abril-Mayo 2002
[Ideas]

Impacto profundo o las causas cósmicas de a austeridad en la UNAM

Miguel Ángel Herrera

¿Existe el libre albedrío o son los astros quienes rigen nuestros destinos? He aquí un punto de vista novedoso sobre la cuestión, expresado por Miguel Ángel Herrera, por desgracia fallecido recientemente. Sirva este texto para recordar a este entrañable astrónomo y divulgador.

Una de las preguntas más frecuentes que se nos hacen a los astrónomos -y que más odiamos- es: ¿para qué sirve la astronomía? Hasta hace un par de décadas uno tragaba saliva, ponía cara de circunstancia, e iniciaba una larga perorata sobre la medición del tiempo, el diseño y elaboración de instrumentación altamente sofisticada, el análisis de todo tipo de radiación electromagnética o el procesamiento de imágenes, para concluir con una grandilocuente disertación sobre la importancia del conocimiento en sí mismo y la pureza de la ciencia.

Pero gracias al descubrimiento, en la década de los setenta, de un gigantesco cráter de impacto centrado en un pequeño poblado de la península de Yucatán, llamado Chicxulub, los astrónomos ya tenemos un argumento mucho más atractivo para defender a nuestra ciencia: a saber, que sólo la astronomía tiene la capacidad de salvarnos de una catástrofe global que podría extinguir por completo a nuestra especie.

Gracias a este argumento, los últimos años han sido de relativa calma, y la astronomía se ha fortalecido tanto que ha empezado a inmiscuirse en campos del conocimiento que hasta ahora se consideraban ajenos a ella. Como muestra de esto he decidido revelar ante el mundo una revolucionaria teoría astronómico-social que he elaborado a través de cuidadosas observaciones y sesudas deducciones realizadas en mis abundantes ratos libres a lo largo del último año.

El misterio al que he dirigido mis investigaciones es: ¿por qué México, a lo largo de toda su historia, ha estado siempre condenado a la pobreza? En particular, ¿por qué a la UNAM y, dentro de ella, a la DGDC, se les ha exigido vivir y trabajar en condiciones cada vez más austeras? Tras profunda reflexión creo haber hallado la respuesta, y ésta no reside en nosotros, los habitantes del país, ¡sino en el cielo!

La idea básica es muy sencilla: simplemente propongo que lo que cayó en Chicxulub no fue un asteroide. No. ¡Fue un austeroide! Los austeroides son objetos astronómicos, hasta ahora desconocidos, que se diferencian de los asteroides en que, en vez de producir un gran hoyo en el suelo, lo generan, inevitablemente, en la economía, las finanzas y los presupuestos. Y como el que cayó en Chicxulub fue particularmente grande, sus efectos nocivos aún persisten en todo el país.

Como toda teoría científica exige pruebas, he buscado -y encontrado- pruebas irrefutables de caídas de austeroides en diversas partes del mundo. En la antigua Galia, por ejemplo, es indiscutible que la caída de uno de ellos dio lugar a la bien conocida leyenda según la cual un astuto héroe local evitó que una pequeña aldea fuera conquistada por las legiones de Julio César. El héroe en cuestión, un tal Austerix, perpetúa en su nombre el recuerdo del acontecimiento cósmico; y el efecto pauperizante del austeroide se manifiesta a las claras en el hecho de que ni el tal Austerix, ni ningún otro habitante de la aldea, se muda de ropa a lo largo de sus aventuras. Como los galos son famosos por su aseo, la única explicación posible es que nadie en la aldea poseía más de una muda, es decir, que vivían en una austeridad ejemplar.

Otro ejemplo, éste en Europa central, es mucho más difícil de analizar, pues se han hecho enormes esfuerzos para ocultarlo. Me refiero al hoy desaparecido imperio Austero-Húngaro. ¿No es obvio, de su mismo nombre, que no se trató de la tan cacareada época de pompa (y circunstancia) que se nos quiere hacer creer, sino, realmente, de un periodo de inusitada pobreza, causado por un austeroide?
Ejemplos como éstos abundan en todo el mundo (¿recuerda usted a los bosquimanos de Austeralia?), pero discutirlos exhaustivamente sería imposible, y creo que con los expuestos basta para convencer aún a los más escépticos de la validez de mi teoría.

Para concluir, veamos cómo se clarifica el oscuro panorama actual de la UNAM a la luz de mi teoría. Es más que evidente, para quienes laboramos en ella, que nuestra alma mater atraviesa por uno de los periodos de austeridad más notables de su historia. La pregunta que todos nos hacemos es: ¿Quién es el (o la) responsable? ¿A quién culpar? Una aplicación directa de mi teoría nos da, inmediatamente, la respuesta. El culpable no es un terrícola, ¡es el cielo! Toda la evidencia apunta hacia la caída de un austeroide, hace un par de años, en las inmediaciones de la Ciudad Universitaria. Como consecuencia, su maléfico influjo se agregó al remanente del austeroide de Chicxulub y, por supuesto, el efecto ha sido devastador. Esto explica por completo la situación económica actual de la UNAM y, en particular, de la DGDC. En otras palabras, si no hay dinero no es porque las actuales autoridades no sepan dirigir: simplemente, ¡es algo inevitable; es nuestro destino, literalmente caído del cielo!

Estoy absolutamente convencido de que cualquier austerólogo estaría de acuerdo con esta conclusión. ¿No es maravilloso comprobar cómo la ciencia nos permite entender el mundo que nos rodea? ¡Y todavía hay quien dice que la astronomía no tiene aplicaciones sociales!

Miguel Ángel Herrera fue doctor en astronomía, divulgador de la ciencia, subdirector de vinculación de la DGDC, y un entrañable amigo de muchos.

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