Impacto
profundo o las causas cósmicas de a austeridad en la UNAM
Miguel
Ángel Herrera
¿Existe el libre albedrío o son los astros quienes
rigen nuestros destinos? He aquí un punto de vista novedoso
sobre la cuestión, expresado por Miguel Ángel Herrera,
por desgracia fallecido recientemente. Sirva este texto para recordar
a este entrañable astrónomo y divulgador.
Una de las preguntas más frecuentes que se nos hacen a
los astrónomos -y que más odiamos- es: ¿para
qué sirve la astronomía? Hasta hace un par de décadas
uno tragaba saliva, ponía cara de circunstancia, e iniciaba
una larga perorata sobre la medición del tiempo, el diseño
y elaboración de instrumentación altamente sofisticada,
el análisis de todo tipo de radiación electromagnética
o el procesamiento de imágenes, para concluir con una grandilocuente
disertación sobre la importancia del conocimiento en sí
mismo y la pureza de la ciencia.
Pero gracias al descubrimiento, en la década de los setenta,
de un gigantesco cráter de impacto centrado en un pequeño
poblado de la península de Yucatán, llamado Chicxulub,
los astrónomos ya tenemos un argumento mucho más
atractivo para defender a nuestra ciencia: a saber, que sólo
la astronomía tiene la capacidad de salvarnos de una catástrofe
global que podría extinguir por completo a nuestra especie.
Gracias a este argumento, los últimos años han sido
de relativa calma, y la astronomía se ha fortalecido tanto
que ha empezado a inmiscuirse en campos del conocimiento que hasta
ahora se consideraban ajenos a ella. Como muestra de esto he decidido
revelar ante el mundo una revolucionaria teoría astronómico-social
que he elaborado a través de cuidadosas observaciones y
sesudas deducciones realizadas en mis abundantes ratos libres
a lo largo del último año.
El misterio al que he dirigido mis investigaciones es: ¿por
qué México, a lo largo de toda su historia, ha estado
siempre condenado a la pobreza? En particular, ¿por qué
a la UNAM y, dentro de ella, a la DGDC, se les ha exigido vivir
y trabajar en condiciones cada vez más austeras? Tras profunda
reflexión creo haber hallado la respuesta, y ésta
no reside en nosotros, los habitantes del país, ¡sino
en el cielo!
La idea básica es muy sencilla: simplemente propongo que
lo que cayó en Chicxulub no fue un asteroide. No. ¡Fue
un austeroide! Los austeroides son objetos astronómicos,
hasta ahora desconocidos, que se diferencian de los asteroides
en que, en vez de producir un gran hoyo en el suelo, lo generan,
inevitablemente, en la economía, las finanzas y los presupuestos.
Y como el que cayó en Chicxulub fue particularmente grande,
sus efectos nocivos aún persisten en todo el país.
Como toda teoría científica exige pruebas, he buscado
-y encontrado- pruebas irrefutables de caídas de austeroides
en diversas partes del mundo. En la antigua Galia, por ejemplo,
es indiscutible que la caída de uno de ellos dio lugar
a la bien conocida leyenda según la cual un astuto héroe
local evitó que una pequeña aldea fuera conquistada
por las legiones de Julio César. El héroe en cuestión,
un tal Austerix, perpetúa en su nombre el recuerdo del
acontecimiento cósmico; y el efecto pauperizante del austeroide
se manifiesta a las claras en el hecho de que ni el tal Austerix,
ni ningún otro habitante de la aldea, se muda de ropa a
lo largo de sus aventuras. Como los galos son famosos por su aseo,
la única explicación posible es que nadie en la
aldea poseía más de una muda, es decir, que vivían
en una austeridad ejemplar.
Otro ejemplo, éste en Europa central, es mucho más
difícil de analizar, pues se han hecho enormes esfuerzos
para ocultarlo. Me refiero al hoy desaparecido imperio Austero-Húngaro.
¿No es obvio, de su mismo nombre, que no se trató
de la tan cacareada época de pompa (y circunstancia) que
se nos quiere hacer creer, sino, realmente, de un periodo de inusitada
pobreza, causado por un austeroide?
Ejemplos como éstos abundan en todo el mundo (¿recuerda
usted a los bosquimanos de Austeralia?), pero discutirlos exhaustivamente
sería imposible, y creo que con los expuestos basta para
convencer aún a los más escépticos de la
validez de mi teoría.
Para concluir, veamos cómo se clarifica el oscuro panorama
actual de la UNAM a la luz de mi teoría. Es más
que evidente, para quienes laboramos en ella, que nuestra alma
mater atraviesa por uno de los periodos de austeridad más
notables de su historia. La pregunta que todos nos hacemos es:
¿Quién es el (o la) responsable? ¿A quién
culpar? Una aplicación directa de mi teoría nos
da, inmediatamente, la respuesta. El culpable no es un terrícola,
¡es el cielo! Toda la evidencia apunta hacia la caída
de un austeroide, hace un par de años, en las inmediaciones
de la Ciudad Universitaria. Como consecuencia, su maléfico
influjo se agregó al remanente del austeroide de Chicxulub
y, por supuesto, el efecto ha sido devastador. Esto explica por
completo la situación económica actual de la UNAM
y, en particular, de la DGDC. En otras palabras, si no hay dinero
no es porque las actuales autoridades no sepan dirigir: simplemente,
¡es algo inevitable; es nuestro destino, literalmente caído
del cielo!
Estoy absolutamente convencido de que cualquier austerólogo
estaría de acuerdo con esta conclusión. ¿No
es maravilloso comprobar cómo la ciencia nos permite entender
el mundo que nos rodea? ¡Y todavía hay quien dice
que la astronomía no tiene aplicaciones sociales!
Miguel Ángel Herrera fue doctor en astronomía,
divulgador de la ciencia, subdirector de vinculación de
la DGDC, y un entrañable amigo de muchos.
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