Problemas
del periodismo científico en Iberoamérica
Manuel Calvo Hernando
El
decano de los periodistas científicos españoles
nos presenta una visión de los retos que enfrenta nuestra
comunidad, así como sus propuestas para resolverlos.
Estamos en la era científica y, por tanto, el reflejo de
la ciencia y la tecnología en los medios informativos es,
o debería ser, la Gran Noticia, la explicación diaria
del universo, el instrumento de participación de la gente
en esta singular aventura de la especie humana que es el conocimiento
científico. La actualidad ya no es sólo la escueta
información, sino su vertiente explicativa, y también
el pensamiento, el mundo, el hombre y sus contradicciones, los
problemas que nos preocupan y a veces nos aterran, los hechos
de la naturaleza que nos conmueven.
En lo que se refiere al periodismo científico, los problemas
y las necesidades en América Latina son hoy más
graves que nunca, y nos parece que el periodismo científico
no contribuye hoy a satisfacer las necesidades básicas
de nuestros países, en orden a la educación permanente
y a la participación de los pueblos en el quehacer científico
y en la toma de decisiones.
Por una parte, las poblaciones no satisfacen su derecho a ser
informadas sobre aspectos tan decisivos para su vida cotidiana
y para su futuro y el de sus descendientes. Por otra, faltan debates
públicos sobre estos temas y una actitud crítica
de los ciudadanos ante las prioridades en la inversión
pública en ciencia y tecnología.
Los principales problemas del periodismo científico en
los países de América son la falta de ambiente popular
hacia la investigación científica, como consecuencia
de una educación humanística en los últimos
siglos y de una ausencia de sensibilidad en las clases dirigentes;
falta de interés de la mayoría de los medios de
comunicación; dificultad de acceso a las fuentes; escasez
de periodistas científicos; poca sensibilidad de los propietarios
de las empresas periodísticas; en ciertos casos, falta
de cooperación por parte de la comunidad científica
o de sus organismos representativos; actuación incompleta
sobre la población, ya que en la mayor parte de los países
de América Latina una buena parte de los grupos sociales
padecen todavía graves problemas de comunicación
e información, especialmente en lo que se refiere a la
prensa escrita.
Me permito insistir sobre un proyecto que el profesor Wilson da
Costa Bueno presentó en Sao Paulo en el iv Congreso Iberoamericano
de Periodismo Científico, y que yo ampliaría. Da
Costa Bueno proponía recoger en un libro los trabajos periodísticos
del conocido divulgador brasileño José Reis. Yo
iría más allá, y propondría una edición
antológica -en uno o en varios libros, según la
magnitud del proyecto y sus posibilidades de financiamiento- de
los grandes divulgadores científicos de Iberoamérica:
el propio Reis, el venezolano Arístides Bastidas, el mexicano
Luis Estrada, el chileno Arturo Aldunate Phillips, el peruano
Oscar Miró Quesada, y algunos otros.
Al inaugurar en España el Congreso Nacional de Periodismo
Científico (abril 1990), recordábamos la necesidad
de plantear los problemas pendientes sobre formación del
periodista científico: acceso a las fuentes, actualización
de vocabularios especializados, y por último, pero no por
ello lo menos importante, sensibilizar a los medios para que cada
uno de ellos cuente por lo menos con un periodista capaz de seguir
la actualidad científica y tecnológica, etcétera.
A estas razones habría que añadir otras, desde la
dimensión americana. Yo voy a referirme aquí a una
de ellas, expuesta por Arístides Bastidas: la urgencia
de aportaciones del periodismo científico a "la lucha
de nuestros pueblos por la autodeterminación tecnológica
y, en consecuencia, por una economía emancipada del yugo
de las grandes metrópolis". La dependencia tecnológica
-añadía Bastidas- es en buena parte la causa de
nuestro subdesarrollo y de nuestras adversas condiciones socioeconómicas,
que no sólo se reflejan en hambre y pobreza, sino también
en el atraso cultural y en las interferencias de los poderosos
en la soberanía de nuestras naciones.
Para cumplir estos objetivos, nuestras sociedades necesitan a
los intermediarios, los mediadores, los comunicadores especializados,
los animadores culturales, etcétera. Nuestros países
tienen pendiente una tarea masiva de educación popular
en ciencia y tecnología, que en mi ponencia sobre "Un
plan nacional de divulgación de la ciencia" (I Congreso
de Comunicación Social de la Ciencia, Granada, 1999), me
he permitido sugerir y proponer a las altas instancias de la educación,
la ciencia y la comunicación. Algunas iniciativas se vienen
ya realizando, pero falta casi todo por hacer. No podemos esperar
varios decenios para acometer, aunque sea parcialmente, un plan
de esta naturaleza. Hay que compensar cuanto antes los siglos
que llevamos de retraso. La ciencia, la comunicación y
la educación tienen en esta meta uno de sus grandes desafíos
ante este tercer milenio en nuestras sociedades.
En la última década del siglo y del milenio, el
periodismo científico de Iberoamérica ha dado pasos
importantes, aunque todavía le quedan, como a todos nosotros,
otros muchos que dar, y quizá los más importantes.
Manuel Calvo Hernando es presidente de la Asociación
Española de Periodismo Científico y autor del texto
Periodismo Científico (Paraninfo, 1992).
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