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Febrero-Marzo 2002
[Comunidad]

Problemas del periodismo científico en Iberoamérica

Manuel Calvo Hernando

El decano de los periodistas científicos españoles nos presenta una visión de los retos que enfrenta nuestra comunidad, así como sus propuestas para resolverlos.

Estamos en la era científica y, por tanto, el reflejo de la ciencia y la tecnología en los medios informativos es, o debería ser, la Gran Noticia, la explicación diaria del universo, el instrumento de participación de la gente en esta singular aventura de la especie humana que es el conocimiento científico. La actualidad ya no es sólo la escueta información, sino su vertiente explicativa, y también el pensamiento, el mundo, el hombre y sus contradicciones, los problemas que nos preocupan y a veces nos aterran, los hechos de la naturaleza que nos conmueven.

En lo que se refiere al periodismo científico, los problemas y las necesidades en América Latina son hoy más graves que nunca, y nos parece que el periodismo científico no contribuye hoy a satisfacer las necesidades básicas de nuestros países, en orden a la educación permanente y a la participación de los pueblos en el quehacer científico y en la toma de decisiones.

Por una parte, las poblaciones no satisfacen su derecho a ser informadas sobre aspectos tan decisivos para su vida cotidiana y para su futuro y el de sus descendientes. Por otra, faltan debates públicos sobre estos temas y una actitud crítica de los ciudadanos ante las prioridades en la inversión pública en ciencia y tecnología.

Los principales problemas del periodismo científico en los países de América son la falta de ambiente popular hacia la investigación científica, como consecuencia de una educación humanística en los últimos siglos y de una ausencia de sensibilidad en las clases dirigentes; falta de interés de la mayoría de los medios de comunicación; dificultad de acceso a las fuentes; escasez de periodistas científicos; poca sensibilidad de los propietarios de las empresas periodísticas; en ciertos casos, falta de cooperación por parte de la comunidad científica o de sus organismos representativos; actuación incompleta sobre la población, ya que en la mayor parte de los países de América Latina una buena parte de los grupos sociales padecen todavía graves problemas de comunicación e información, especialmente en lo que se refiere a la prensa escrita.

Me permito insistir sobre un proyecto que el profesor Wilson da Costa Bueno presentó en Sao Paulo en el iv Congreso Iberoamericano de Periodismo Científico, y que yo ampliaría. Da Costa Bueno proponía recoger en un libro los trabajos periodísticos del conocido divulgador brasileño José Reis. Yo iría más allá, y propondría una edición antológica -en uno o en varios libros, según la magnitud del proyecto y sus posibilidades de financiamiento- de los grandes divulgadores científicos de Iberoamérica: el propio Reis, el venezolano Arístides Bastidas, el mexicano Luis Estrada, el chileno Arturo Aldunate Phillips, el peruano Oscar Miró Quesada, y algunos otros.

Al inaugurar en España el Congreso Nacional de Periodismo Científico (abril 1990), recordábamos la necesidad de plantear los problemas pendientes sobre formación del periodista científico: acceso a las fuentes, actualización de vocabularios especializados, y por último, pero no por ello lo menos importante, sensibilizar a los medios para que cada uno de ellos cuente por lo menos con un periodista capaz de seguir la actualidad científica y tecnológica, etcétera.

A estas razones habría que añadir otras, desde la dimensión americana. Yo voy a referirme aquí a una de ellas, expuesta por Arístides Bastidas: la urgencia de aportaciones del periodismo científico a "la lucha de nuestros pueblos por la autodeterminación tecnológica y, en consecuencia, por una economía emancipada del yugo de las grandes metrópolis". La dependencia tecnológica -añadía Bastidas- es en buena parte la causa de nuestro subdesarrollo y de nuestras adversas condiciones socioeconómicas, que no sólo se reflejan en hambre y pobreza, sino también en el atraso cultural y en las interferencias de los poderosos en la soberanía de nuestras naciones.

Para cumplir estos objetivos, nuestras sociedades necesitan a los intermediarios, los mediadores, los comunicadores especializados, los animadores culturales, etcétera. Nuestros países tienen pendiente una tarea masiva de educación popular en ciencia y tecnología, que en mi ponencia sobre "Un plan nacional de divulgación de la ciencia" (I Congreso de Comunicación Social de la Ciencia, Granada, 1999), me he permitido sugerir y proponer a las altas instancias de la educación, la ciencia y la comunicación. Algunas iniciativas se vienen ya realizando, pero falta casi todo por hacer. No podemos esperar varios decenios para acometer, aunque sea parcialmente, un plan de esta naturaleza. Hay que compensar cuanto antes los siglos que llevamos de retraso. La ciencia, la comunicación y la educación tienen en esta meta uno de sus grandes desafíos ante este tercer milenio en nuestras sociedades.

En la última década del siglo y del milenio, el periodismo científico de Iberoamérica ha dado pasos importantes, aunque todavía le quedan, como a todos nosotros, otros muchos que dar, y quizá los más importantes.

Manuel Calvo Hernando es presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico y autor del texto Periodismo Científico (Paraninfo, 1992).

Comentarios: calvo.m@apmadrid.es

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