Decálogo del divulgador de la ciencia
Manuel
Calvo Hernando
Como
lo prometido es deuda, publicamos hoy, y como complemento al texto
aparecido en nuestro número anterior, el primer decálogo
escrito por Manuel Calvo, hace unos 30 años. Texto que,
como podrá apreciar el lector, no ha perdido su vigor ni
su vigencia.
1. Ante todo, tendrá conciencia de su altísima
misión: poner al alcance de la mayoría el patrimonio
científico de la minoría. Defenderá en sus
escritos, sus palabras o sus imágenes el derecho de todo
ser humano a participar en la sabiduría y a integrarse
en la cultura y en la civilización, que les mantendrá
unidos en un saber común.
2. El divulgador de la ciencia pondrá todo su esmero
en difundir los descubrimientos y los hallazgos, situándolos
en su propio marco, valorando su importancia para la humanidad
y estableciendo una posición de equilibrio entre lo que
los descubrimientos tienen de sensacionales y su valor como fruto
de una tarea permanente y colectiva.
3. En cuanto a la ciencia pura, subrayará el hecho
de que sin ella no hay progreso ni ciencia aplicada, y expondrá
la dignidad y la nobleza de este empuje de lo que hay de más
sagrado en el hombre: la necesidad de saber y orientarse. Sin
olvidar nunca el doble aspecto de lo visible y lo invisible, lo
inmanente y lo trascendente, en la relación del hombre
con el mundo que le rodea y procurando, además, que su
labor esté inspirada en la fe en la unidad armoniosa de
la vida humana.
4. Combatirá, con todos los medios a su alcance,
la desconfianza de las personas hacia la ciencia, e insistirá
en dos hechos evidentes: primero, los hombres de ciencia están
obligados a ir siempre más arriba, más adelante
y a profundizar en los secretos de la creación, y es la
propia sociedad humana la que, después, hace mal uso, en
ocasiones, de los descubrimientos científicos; y segundo,
en el balance de las aportaciones de la ciencia al progreso y
al desarrollo de la humanidad, es mínimo aquello que, incluso
sin tener en cuenta el apartado anterior, podría considerarse
como negativo.
5. Tratará de crear conciencia pública de
la importancia de la investigación científica, de
la necesidad de que participemos todos en esta nueva revolución
universal, de la rentabilidad de la investigación científica
y de la urgencia de una cooperación más eficaz por
parte del estado, los sectores productores y de los servicios,
empresarios y financieros y, en suma, la sociedad toda.
6. Insistirá, una y otra vez, en que la ciencia
es cada día menos una aventura personal y cada día
más una vasta empresa colectiva que necesita hombres, medios
y un clima favorable.
7. Tratará de hacer ver al público el hecho
de que, a pesar de lo que pueda parecer a los ojos del profano,
la investigación científica no es algo misterioso,
secreto ni terrorífico, sino una obra de sabiduría,
de razón, de paciencia, de tenacidad y, sobre todo, de
ilusión.
8. Denunciará la superchería de las falsas
ciencias, que en muchas zonas de la humanidad siguen constituyendo
obstáculos muy serios al desarrollo. Los curanderos están
desacreditados, por lo menos en nuestras sociedades occidentales,
pero hay que seguir combatiendo a sus equivalentes en otras ramas
del conocimiento o de la actividad humana.
9. Tratará a la ciencia con respeto, pero con familiaridad,
poniendo el acento en la simpatía y en los aspectos humanos
del científico. Frente a tanto temor y desconfianza parece
necesario humanizar la ciencia al presentarla al público,
y situarla entre nosotros de modo entrañable y cordial,
sin por ello restarle seriedad ni trascendencia.
10. Y todo esto el divulgador lo presentará del
modo más sugestivo posible, en su dimensión asombrosa
y escalofriante, para llegar al mayor número de lectores,
de oyentes o de espectadores, y utilizando la palabra, el sonido
y la imagen de un modo periodístico, es decir, actual,
interesante, directo y sencillo.
Manuel Calvo Hernando es presidente de la Asociación
Española de Periodismo Científico y decano de esta
disciplina a nivel hispanoamericano, demás de autor del
libro Periodismo científico (Paraninfo, 1992).
Comentarios: calvo.m@apmadrid.es